Menos Halloween y más magostos

Rubén Nóvoa Pérez
Rubén Nóvoa DESDE MI BARRIO

OURENSE

02 nov 2019 . Actualizado a las 05:00 h.

No puedo evitarlo. De un tiempo a esta parte, cada vez que llega el 31 de octubre me pregunto qué diablos ha sucedido para que nos lancemos a los brazos de una tradición tan americana como la de Halloween. Si, ya sé, querrán convencerme de que en realidad en Galicia es Samaín y que es una oferta cultural enxebre, pero no nos engañemos. Por mucho que en los colegios a los niños les hablen de Samaín, el referente yanqui está ahí. O acaso en las discotecas el jueves noche escucharon a alguien hablar de la referencia galaica. Vivimos tiempos difíciles para conservar nuestras singularidades. Hace tiempo que dejó de sorprendernos que los locales se llenen de carteles como Beer&Coffee o Gastrobar, que las tiendas a la última se denominen concept store o que los emprendedores compartan espacio para abaratar costes en un coworking. No quiero parecer un nostálgico, pero echo de menos un poquito de normalidad y que la compra se haga en el mercado, las cañas se tomen en el bar, los pinchos en la tasca y la cena en el restaurante. Sin aditivos lingüísticos ni anglicismos innecesarios. Estoy convencido, además, de que en un mundo tan globalizado y donde las calles comerciales y de ocio se parecen tanto unas a otras, estés en Ourense o en Sevilla, lo único que puede hacernos sacar la cabeza es lo singular. ¡Menos cupcake y más cañas de Carballiño! ¡Más magostos y menos Halloween! Que no nos roben lo nuestro, que es lo que nos hará diferentes y también lo que nos puede hacer generar riqueza. No se trata, obviamente, de darle la espalda a las nuevas tendencias, pero creo que el mercado ofrece suficientes opciones, franquicias, para los que quieran sumarse a la ola anglosajona.