Lo de la formación en temas de políticos siempre me ha parecido discutible. Si cuando se habla de formación uno se refiera más a conocimientos que a diplomas, entonces sí creo que es importante. He conocido personas que dicen hablar varios idiomas y haberse imbuido en másteres que me han parecido mediocres. También a otras que abandonaron sus estudios muy jóvenes y que me dan mil vueltas en entendimiento, en razón natural.
Lo que sí, creo, que hay que pedirle un político es transparencia, trabajo y, sobre todo, que sepa rodearse, que tenga un buen equipo. Y si hace esto último seguramente tenga más de la mitad del trabajo hecho. Un equipo que sea capaz de discutir sus propuestas y argumentar las alternativas. Un equipo con conocimientos suficientes para liderar las áreas, cada una de ellas. Lo que no se le puede pedir a un representante político, véase alcalde, es que sepa de todo. Eso es imposible y, sobre todo, raro, raro, raro. La «titulitis» pasa con la edad y la experiencia. La «titulitis» se cura viajando y, sobre todo, conociendo y escuchando a aquellos que no piensan como uno pero que, en lugar de anteponer el No por el No, intentan persuadirte y, puede, abrirte más los ojos. Los ataques que estos días enfrentan a los sindicatos y al grupo de Gobierno son un sinsentido. Los primeros sufren de «titulitis» y los segundos carecen de empatía, de inteligencia emocional. Me viene a la cabeza un cartel que leí hace mucho tiempo en un quiosco de la capital: «Al que lee se le nota, pero al que no lee se le nota mucho más». Formen un buen equipo.