Ellos no pueden equivocarse

Ernesto Pedrosa, presidente del Consello Social de la Universidad de Vigo, protagoniza la firma invitada esta semana


OURENSE

Escenario uno. A los alumnos que aspiran a entrar en Oxford o en Cambrigde pueden pedirles en la entrevista de ingreso que describan una patata y la comparen con una cebolla, o preguntarles por qué no tenemos una oreja en la mitad de la cara. No hay una respuesta correcta, pero los examinadores quieren ver como razonan los candidatos y si tienen capacidad de llegar a nuevas ideas. De su respuesta depende mucho que estén entre los 3.200 aceptados o que se queden entre los 16.000

rechazados cada curso.

Escenario 2. En apenas dos décadas habrán desaparecido más de las 700 profesiones que ahora emplean a casi la mitad de la población mundial. Casi la mitad de los

graduados ejercen hoy profesiones que no existían hace 15 años. Las estadísticas también predicen que en diez años dos millones de jóvenes finalizarán sus estudios en

España. Justo el tiempo en el que otros tres millones necesiten actualizar sus conocimientos. O sea, tres de cada cuatro futuros egresados, que en este momento son niños, tendrán profesiones que hoy en día ni tan siquiera existen o imaginamos.

En algún momento deberemos reflexionar, a partir de los dos contextos descritos,

cómo queremos que sea nuestra universidad para dar respuesta a un escenario tan

cambiante. Incluso pararnos a pensar si con nuestros propósitos y esfuerzos actuales por ayudarla no la estaremos levantando por el sitio que no es. Mientras pensamos lo importante, en el Consello Social intentamos atender lo urgente, lo que no puede esperar: los estudiantes. Prepararles en actitudes, en

creatividad, en innovación, llevándoles a escenarios de fronteras del conocimiento,

dándoles espacios para la improvisación y la iniciativa, conectándolos con entornos de

investigación, con competencia cognitivas no rutinarias, con el trabajo en equipo, con

el pensamiento crítico, con la adaptabilidad al cambio, con la capacidad para resolver problemas complejos y con la habilidad para comunicarse. Que aprendan a compartir,

a conocer, a hacer, a equivocarse. Hay que formar para lo que viene, no para lo que tenemos. Y hay que creer en que innovar es la única estrategia válida, esa sin la que

Ford aún estaría hoy investigando como conseguir caballos más rápidos, más potentes,

más resistentes… y sin la que aún no habría automóviles.

Y sin dejar de observar las cinco grandes tendencias que se van consolidando en el

mundo de la educación: formaciones más cortas, intensas y especializadas para formar

profesionales de forma rápida; mayor importancia de las prácticas, con formación que

capacite a los alumnos para trabajar desde el minuto siguiente; menos importancia a

títulos oficiales y más a aptitudes, como ingenio o creatividad; formación más universal, pensada para trabajar en cualquier mercado; y mayor importancia de la programación para todo tipo de perfil profesional, porque la programación se entiende

ya como el nuevo lenguaje universal.

Así que como junio es para los futuros universitarios un mes para pensar, en el Consello Social también. Casi la mitad de los estudiantes llegan a la Selectividad sin

saber cómo elegir una carrera. Siempre fue difícil saber a los 17 o 18 años qué estudiar, pero ahora lo es más. Así que decidimos ayudar a descubrir nuevas motivaciones para los jóvenes, facilitarles nuevas experiencias. Retrocedimos 2.500 años atrás para recordar a Confucio «Me lo contaron y lo olvidé; lo vi y lo entendí; lo hice y lo aprendí». Luego avanzamos veinte años adelante para oír al Banco Mundial «la inteligencia artificial acabará con el 70% de los actuales puestos de trabajo». Entonces tomamos camino al Parque Tecnolóxico de Galicia, que convoca cada año a 3.000 escolares alrededor de la ciencia, y vimos que coincidíamos en fomentar el interés y el valor de la ciencia y la innovación entre los jóvenes. Y también en integrar a la sociedad en el mundo del conocimiento, la experimentación y el saber. Y acercar a los alumnos y a la sociedad todas las posibilidades que ofrece el concepto de Internet de las cosas de la nueva economía, la industria conectada y la cultura de la captación y utilización de datos para la toma de decisiones. Convinimos en empezar por ayudar a que los jóvenes pudieran equipar un globo con sensores y cámaras para recoger datos y monitorizar y rastrear imágenes, y lanzarlo a la estratosfera (recuerden, nuevas motivaciones, nuevas experiencias). Y así lo hicieron, con el entusiasmo y la preocupación de quien enseña al mundo su obra. El globo subió hasta 32.595 metros. Llegó a registrar 60 grados negativos y cayó sobre Laza a la velocidad de 36 metros por segundo. Ahora analizan los datos. Están en la ciencia. En su tiempo. Sin límites. 2.500 años atrás o 20 años delante. Preparándose. El Banco Mundial, Henry Ford y Confucio no pueden equivocarse.

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