Cientos de aficionados animaron a la escuadra amarilla pese a su revés en la semifinal de Miribilla
02 jun 2019 . Actualizado a las 10:00 h.«Volver a empezar de cero, de nuevo estoy aquí», no parece una de esas frases roqueras que algunos equipos utilizan como motivación para sus figuras. En el COB, la canción de Pablo Alborán tiene todo el sentido y una vez más lo tuvo cuando el plantel de Gonzalo García de Vitoria fue presentado con ese ritmo latino. Porque el baloncesto ourensano se regenera año a año, alrededor de su club más representativo. Sus seguidores lo saben y lo valoran, así que más de cuatrocientas almas se plantaron en Miribilla, a un paso de la ría del Nervión -en el viejo Bilbao-, para apuntarse a un sueño.
Roberto Vázquez es el presidente de Cobruxos. «Porque alguien debía ponerse al frente», asegura un incondicional más que se mezcló en la marea azul y amarilla. Tampoco puede disimular un cierto deje de decepción, pero a poco que lo piensa: «La verdad es que se merecieron el aplauso, porque nos han traído hasta aquí. Ha sido un ambiente distinto, espectacular, que quizás ha superado a algunos jugadores. Y no vamos a olvidar que el arbitraje nos limitó mucho».
La peña ourensana mezcló sus camisetas con la silueta del lobo con globos amarillos y sus integrantes disfrutaron de un escenario que apenas superó el millar de espectadores en la primera semifinal, dejando para los hinchas locales el vacío que deslucía la realización televisiva. Justo lo contrario de lo que sucedió después con el Bilbao - Melilla, visto en directo por diez mil espectadores. Ente ellos los cobistas, como Óscar Rodríguez: «Esta vez me desplazo desde Madrid, pero siempre intento estar donde hay buen baloncesto y, sobre todo el COB. Esta vez hemos jugado mal y el Palma nos ganó sin hacer un partidazo, pero yo vine a jugar también y ya nos saldrá mejor en otra ocasión». Este aficionado, que incluso ha disfrutado de la NBA in situ, alabó el montaje de la final a cuatro en Bilbao y el hecho de que su equipo se colara entre los cuatro protagonistas, por detrás de un Betis que se alzó con el ascenso directo.
La felicidad no fue completa y el COB se quedó otra vez en los umbrales de la máxima categoría del baloncesto nacional. Puede que toque reinventarse de nuevo, con el cinturón apretado y sin dispendios económicos, pero si algún club -y entrenador- está acostumbrado a volver a empezar, ese es el de azul y amarillo. Sombrerazo extensible a su fieles simpatizantes.
camino a la acb