I love Ringo, pero al de A Devesa


Ringo siempre fue baquetas. Siempre fue la letra de Octopus’s Garden, la voz de Yellow Submarine o la ocurrencia de A hard day’s night, la noche de un día duro. Ringo siempre fue la energía de la batería y esa cierta discreción que te da estar en el segundo plano de un fenómeno de masas. Ringo siempre fue esa espalda ligeramente encorvada y esa manera de mover la cabeza, marcando o siguiendo el ritmo.

Ringo siempre fue Starr.

Hasta que un camionero checo se perdió y llegó a Vilardevós. Y entonces Ringo fue el de A Devesa. Y con la noticia de cómo ayudó a ese hombre perdido y de cómo sus vecinos lo animaron y jalearon recordamos algo que ya sabíamos: que para hospitalarios, nosotros; que para apañados, nosotros; que para salir comidos, nuestras casas; que para arreglar problemas, nuestras ideas. Y una cosa más: que para darnos importancia, mejor que no cuenten con nosotros.

Y es que este ourensano, camionero también pero jubilado, no solo envió de regreso a la ruta al colega checo con paquetes de chorizo. Es que fue el encargado de ayudarle a desatascar el vehículo gracias a su experiencia de tantos años al volante por las carreteras europeas.

Eso es lo que nos recordó la gente de A Devesa, como Vicente, hace ahora una semana: «Hai que axudar». En un momento en el que el individualismo, el arribismo personal, el «quítate tú queda me pongo yo», este remake de Fuenteovejuna (por el todos a una) en un pueblo de 17 habitantes a mí me reconcilia con la sociedad.

Si uno lo piensa, no es nada diferente a lo que a muchos nos han enseñado en nuestras casas y en nuestras aldeas. Si uno lo pienso, y procedencia checa al margen, es una cosa normal. Pero algo pasa para que Ringo y sus vecinos sean capaces de movilizar los pensamientos y los sentimientos de tanta gente, como demostró el seguimiento que tuvo la historia en la página web de La Voz.

Las declaraciones de Ringo da Devesa y sus vecinos sí que son un auténtico hit (que el otro Ringo me perdone) y trasladadas a un día como hoy son hasta reveladoras. «Eu sei moi ben o que é andar nas estradas polo mundo adiante, e hai que axudarse. As persoas teñen que axudarse», golpea el sentido común y la buena voluntad de Ringo.

Y remata su vecina, Josefa, con una frase que hoy podría comprarle, al filo de las doce, algún tertuliano de los que se asomen a la noche electoral. O incluso yo misma: «Non entenderse é moi triste». Lo cuenta ella, que emigró a Alemania con su marido y que no se empapaba con el idioma. Y esa frase es muy redonda pero, en un día como hoy, quién sabe si tiene además una carga de profundidad de grandes dimensiones. Qué razón tienes Josefa.

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