Los vacíos interiores


Y ahora que hasta The New York Times se ha fijado en las ofertas de pueblos abandonados en Galicia que atraen a inversores extranjeros para residir ¿será que ha llegado el momento de ir cubriendo los vacíos de las provincias del interior, como Ourense? Y ahora que los políticos de ámbito nacional andan a la caza de cualquier voto dubitativo y de esos preciados cuartos o quintos escaños de las provincias olvidadas, como Ourense, ¿será que ha llegado nuestro momento? Tenemos mucho espacio en nuestros campos desiertos de vidas humanas, y eso atrae a algunos urbanitas hartos de pagar cientos y miles de euros por unos escasos metros habitables. Y los políticos en campaña ofrecen nuevas y mejores infraestructuras y servicios para todo el rural. Pero ¿será solo una ráfaga de viento electoral mecida por cantos de sirena para obtener la portabilidad de nuestro voto? ¿Los anglosajones y nórdicos que buscan rayos de sol no masificados vendrán a vivir de sus rentas o al cabo de unos años tendrán que volver a sus territorios y olvidar su aventura interior ante la falta de expectativas económicas? Lo cierto es que tenemos calidad de vida que ofrecerles y servicios públicos aceptables, aunque mejorables en algunos puntos. Sin embargo, no es suficiente para mantener a nuestra propia población. La costa, Madrid, Cataluña y diversos países y capitales se nutren de la fuerza laboral y de la energía humana que de aquí se va. Es inevitable. La gente va y viene. El espacio permanece casi siempre, aunque van creciendo sus vacíos interiores.

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