Envases pequeños


Con el kilo de percebes a más de ochenta euros, vista la dificultad del crustáceo para adaptarse a un medio tan amable como el que ofrece el río Miño, parece claro que el futuro no pasa por ahí. Las angulas tampoco acaban de encontrar cama. Y es una lástima, porque si así fuera, bien que podían cambiar algunas cosas. Pero no. Y tampoco el cambio climático apunta en ese sentido. Con todo, las cosas del buen comer tienen un más que notable tirón y por eso merece la pena resaltar los esfuerzos de quienes tratan de rentabilizar lo más próximo, es decir, el fruto de la tierra. Sumidos en un proceso de abandono de áreas de cultivo, aparejado a un cada vez más doloroso despoblamiento en el medio rural, merecen ser destacadas cuantas iniciativas asomen en contra de esa tendencia. Son buenas señales un viñedo en Vilardevós, una nueva marca de tostado del Ribeiro, o una ambiciosa iniciativa para que Ourense sea no solo una provincia con cuatro denominaciones de origen en el ámbito vitivinícola, sino que aquí se pueda liderar un proyecto para que brille el aceite de oliva. El martes de esta semana coincidieron dos presentaciones. En Beade, un tostado, con una producción limitada a 550 botellas de 35 centilitros. En el caso del aceite de oliva, el fruto de los 140.000 olivos cuya plantación en toda Galicia promovió una firma ourensana, se traduce en 9.000 botellas de 25 centilitros. Proyectos diferentes, para públicos distintos, con perspectivas de negocio alejadas, comparten el atractivo del envase pequeño en un sector, el agroalimentario, con mucho sitio libre. Falta creer. E imaginación.

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