El 40 % de los casos de incontinencia urinaria no llega a las consultas

Varios servicios del CHUO trabajan juntos para abordar un problema silenciado


ourense / la voz

No hay datos sobre el alcance real la incontinencia urinaria. No los hay ni a nivel ourensano, ni gallego, ni español, ni europeo, ni mundial. A pesar del avance de los tiempos, la vergüenza de confesar que uno pierde orina, o la falsa creencia de que se trata de un problema con el que hay que resignarse a convivir, provoca que muchos no lleguen a la consulta de los especialistas que pueden ayudarles. A pesar de que el arsenal terapéutico actual permite resolver con éxito un porcentaje muy alto de los casos, se estima que el 40 % de las personas afectadas nunca han sido tratadas.

Aunque no hay datos reales, sí hay estimaciones. Y estas, a nivel nacional, apuntan a que afecta a la mitad de la población de más de 60 años, especialmente a las mujeres. «En los últimos años se nota que la gente viene más, pero no es todo lo que debería. Todavía hay personas que nos llegan después de muchos años de iniciarse el problema o incluso que no lo comentan a su médico porque siguen asumiendo que esto es normal», señala Carlos Müller Arteaga, coordinador de la Unidad de Urología Funcional y Reconstructiva del CHUO. El servicio de Urología es uno de los tres implicados en la atención a la incontinencia y sus profesionales, junto con ginecólogos, rehabilitadores y fisioterapeutas, conforman un equipo multidisciplinar que trabaja coordinado para cambiar la realidad de los afectados por esta y otras patologías relacionadas con el suelo pélvico.

La incontinencia urinaria no es un enfermedad grave «pero altera de forma importante la calidad de vida de quien la padecen» apunta el ginecólogo Esteban Araújo. De hecho puede convertirse en incapacitante y generar aislamiento social y depresión, además de otros problemas de salud.

El suelo pélvico de la mujer está expuesto, por su propia anatomía, a muchos más factores que a lo largo de los años lo van deteriorando: el embarazo, los partos y la edad son algunos de ellos. El servicio de Ginecología del CHUO tiene a cinco facultativos encargados de consultar patologías relacionadas con el suelo pélvico. «El mayor aumento de incidencia está a partir de la menopausia o perimenopausia», señala Esteban Araújo, que explica que cada semana entran en esas consultas especializadas entre 15 y 20 nuevas pacientes. «Para incontinencias de urgencia, hay medicamentos que van muy bien. Depende del caso pero lo habitual es que en cuatro o seis semanas hagan efecto y la calidad de vida mejora notablemente», señala. Cabe recordar que hay tres tipos de incontinencia: la de urgencia, la de esfuerzo y la mixta.

La rehabilitación muscular del suelo pélvico y las soluciones quirúrgicas son otras opciones de tratamiento. «Lo que se busca es la mejor solución para cada caso, porque lo importante es mejorar la calidad de vida de estas mujeres que deben perder la vergüenza a contar lo que les pasa, porque puede tratarse con altos porcentajes de éxito», dice Araújo.

El suelo pélvico del hombre está más protegido, pero también padece incontinencia. Puede ocurrir, por ejemplo, tras una intervención de próstata a raíz de un proceso oncológico. «Aunque no todo el que se opera de cáncer próstata queda con incontinencia y el porcentaje es bajo», aclara el urólogo Müller Arteaga.

En el servicio que coordina se realizan los estudios urodinámicos para casos en los que trabaja el equipo multidisciplinar. «Son estudios que nos dan mucha información sobre el ciclo miccional y los problemas de llenado y vaciado de la vejiga para poder fijar la segunda línea de tratamiento cuando la primera que suele pautarse no da el resultado esperado», explica Carlos Müller.

En esas segundas líneas pueden incluirse desde las inyecciones de botox en la vejiga a la neuromodulación en el caso de la incontinencia de urgencia, o abordajes quirúrgicos en el caso de las de esfuerzo. La cirugía llegan a alcanzar una tasa de resolución del 95 % de los casos.

El trabajo de rehabilitadores y fisioterapeutas está en la primera línea de ataque

El servicio de Rehabilitación del CHUO dispone de consultas especializadas en suelo pélvico en las que reciben a los pacientes derivados por ginecología, urología, cirugía e incluso desde la unidad del dolor. Alicia López, una de las dos rehabilitadoras encargadas de esas consultas, cuenta que aumentaron los pacientes con dolor pélvico «porque cada vez se le da más importancia a este tipo de patologías y hemos avanzado mucho técnicamente para poder abordarlas». Pero la incontinencia sigue siendo lo más prevalente. «En mi caso son cinco a uno», apunta.

Algunos tratamientos son aplicados por los propios médicos rehabilitadores, como la neuromodulación periférica, electroestimulación en el nervio tibial o la punción seca. Otros, pasan por las manos de fisioterapeutas especializados. «En los casos del dolor una parte fundamental es el trabajo manual, como para cualquier otra patología porque, al margen de donde está ubicada. Es musculatura con las mismas características que la de otras partes del cuerpo», señala Esther Estévez. Masajes, termoterapia, puntos gatillo o electroterapia analgésica son algunas de las técnicas que utiliza la fisioterapeuta, que también trabaja otros aspectos como la reeducación postural. En el caso de la incontinencia se usan técnicas diferentes y la base del trabajo está en enseñar a identificar esos músculos y a ejercitarlos. Pero también se trabajan otros factores que deben modificarse, desde aquellos que propician el estreñimiento a evitar deportes que supongan aumento de la presión abdominal o sufrimiento sobre el suelo pélvico.

Mejorar hábitos y aumentar la concienciación desde Primaria

En algunos casos la resolución del problema de la incontinencia es relativamente sencillo. Pasa por realizar algunos cambios en hábitos de vida y ejercitar los músculos de suelo pélvico para fortalecerlos. «El peso excesivo incide negativamente en esta patología, igual que tomar demasiado café u otros irritantes como el alcohol, infusiones con teína o el tabaco», señala el ginecólogo Esteban Araújo. Aprender a identificar los músculos de suelo pélvico es otra clave «porque a veces se mandan hacer ejercicios pero si la paciente no sabe qué músculos son, lo habitual es que no los haga correctamente», apunta la rehabilitadora Alicia López, que opina que debería de establecerse un protocolo para que la paciente tuviese acceso a ese aprendizaje con la ayuda de fisioterapeutas especializadas desde el primer momento para poder realizarlos correctamente en su casa. Otro factor a mejorar es el de la concienciación de la ciudadanía. Los equipos médicos y de enfermería de Primaria tienen en ese aspecto un papel fundamental.

Los prolapsos de vejiga, útero o recto son la segunda patología común en la unidad

La unidad de suelo pélvico interviene también en los casos de prolapsos, ya sean vaginales o uterinos, de la vejiga o de recto. Este descuelgue o bajada de la posición de los órganos por la pérdida de la capacidad de los músculos y tendones que conforman el suelo pélvico para mantenerlos en su posición, son menos frecuentes que el problema de la incontinencia, aunque en ocasiones ambos problemas están relacionados.

«El hecho de tener la vejiga caída, un prolapso rectal o de útero, no implica automáticamente necesidad de intervención; se hace en función de los síntomas que produce en la paciente como sensación de pesadez o bulto genital; o en caso de síntomas que tengan alguna complicación porque a veces el prolapso se relaciona con infecciones de orina de repetición o piedras en la vejiga o incluso problemas en el riñón si la paciente no vacía bien», señala Carlos Müller.

El abordaje de los prolapsos depende mucho del nivel de caída y el caso, pero también pasan en primera linea por la rehabilitación «que en prolapsos avanzados no vamos a conseguir arreglarlo pero ayuda a que no vaya a más, por lo que se recomienda». Le siguen tratamientos quirúrgicos o paliativos como los pesarios que ayudan a que los órganos se mantengan en su sitio. Dependiendo de la técnica que se aplique y del grado de prolapso, el riesgo de reaparición del problema varía y las recaídas están en torno al 20 % «pero lo que está claro es que con el tratamiento quirúrgico mejora siempre la calidad de vida, que es lo que estamos buscando», dicen los especialistas. «No todo funciona para todos, hay que adaptar el tratamiento a las condiciones de cada paciente», señala Müller.

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