El sacrificio


Son un número muy considerable dentro del colectivo de emigrantes retornados de Alemania, no solo en Galicia, sino en todo el territorio español. Hablamos de aquellas mujeres que se fueron muy jóvenes a principios de los años sesenta al país germano, la mayoría casadas o que después contrajeron matrimonio allá por aquellos lares.

Muchas de ellas cobran ahora pensiones de entre 400 y 500 euros a pesar de que vivieron y cotizaron en ese país más de 25 años de sus vidas. ¿Por qué esas pensiones tan bajas? La razón está en el Convenio hispano-germano de la Seguridad Social de los años sesenta que decía: «Se pone en conocimiento a los asegurados del sexo femenino que hubiesen contraído matrimonio hasta el 31 de diciembre de 1967, que la devolución de la mitad de las cuotas pagadas al Seguro de Pensiones de Alemania solamente les serán reintegradas siempre que la solicitud se presente antes del 31 de enero de 1968».

La consecuencia más importante era que, con la devolución de las cuotas a la Seguridad Social, prescribían todos los derechos que podían tener por la cotización. Es como si nunca hubieran trabajado y cotizado en Alemania.

Cuando regresaron al país germano, después de criar a sus hijos y querer continuar su vida laboral, el contador ante la Seguridad Social de Alemania se puso otra vez en cero. Las mujeres, con ese sacrificio, contribuyeron en pagar parte del piso, la casa en el pueblo, adquirir el coche nuevo, cancelar deudas o amueblar la vivienda.

Ahora en la vejez pagan las consecuencias de su sacrificio, algo que no hicieron sus maridos.

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