La batalla de las titulaciones

Por Jesús de Juana

OURENSE

Segunda entrega de la serie sobre los primeros pasos del campus en Ourense

22 jul 2018 . Actualizado a las 05:00 h.

Los primeros pasos del Campus en Ourense (2 de 3) Jesús de Juana

A finales de los 80 existía una cierta tensión académica y social con Santiago por el tema de la descentralización y el futuro universitario gallego sobre el que se discutían, sobre todo, el reparto de titulaciones y el modelo a seguir: o bien la creación de una Universidad en cada provincia (modelo Andalucía o Cataluña) o bien una única Universidad para toda Galicia con Campus especializados para aprovechar las sinergias e infraestructuras de la centenaria Universidad de Santiago (modelo Castilla-La Mancha o País Vasco). He de reconocer que esta última propuesta era la que me parecía más acertada, pero al final no fue ni una cosa ni la otra. Se impusieron los localismos de las dos grandes ciudades y la urgencia política. La Xunta de Galicia, presidida entonces por Fernando González Lage, con Aniceto Núñez como conselleiro, y Luis Castedo (que había sido el segundo director del Colegio Universitario de Ourense) como director general de Ordenación Universitaria, aprueba la Ley 11/1989 de 20 de julio por la que se implantan dos nuevas Universidades: la de Vigo, con Campus en Ourense y Pontevedra, y la de A Coruña con Ferrol, quedando el Campus de Lugo con la Universidad compostelana.

Al principio nos chocaba a nosotros, pero también a nuestros colegas de fuera, sobre todo cuando firmabas artículos en revistas o ibas a algún congreso, que nuestra Facultad estuviera en una ciudad y la Universidad a la que pertenecía en otra. Al final, visto lo visto, a lo mejor no se podía hacer otra cosa, porque seguramente la Universidad de Santiago nunca hubiera permitido cambiarle su denominación y A Coruña y Vigo no se conformarían con una institución única para toda Galicia y exigirían tener una Universidad propia, y el resto de los Campus quizá no teníamos un corpus académico ni poblacional adecuado y suficiente como para exigir y desarrollar una potente y digna Universidad propia.

Entre los muchos problemas que tenía la naciente Universidad uno de los más importantes era el tema de las nuevas titulaciones. Santiago había elaborado un plan de futuro para cada uno de los Campus en el que se reservaba para sí las más atractivas, lo que dio lugar a un gran malestar en todos los sitios formándose grupos de protesta y de estudio de propuestas, como el que se formó en Ourense en torno, sobre todo, a los animosos profesores Manuel González Lorenzo y Luis Romaní.

Para la creación y ubicación de las nuevas titulaciones la Xunta aprueba el Decreto 256/1989 (DOGA de 28-11-89) por el que se instituye una Comisión de Titulaciones del Sistema Universitario de Galicia en la que participamos, representando a nuestra Universidad, el rector Espada y yo. Las reuniones de esta Comisión, que se celebraban en la Consellería, las recuerdo como las más duras y disputadas de toda mi vida, defendiendo cada uno lo que creía más favorable para su institución frente al inmovilismo y beneficios a los que aspiraba, sobre todo, Santiago.

La idea que teníamos para Ourense, en esta primera tacada de nuevas carreras, era dar continuidad a los estudios ya existentes, traer alguna ingeniería e implantar una titulación relevante que tirara del Campus. Después de muchas discusiones y tiras y afloja llegamos a un principio de acuerdo con el único e insalvable escollo de que la titulación estrella que se nos ofrecía era Sociología, algo que, sin desmerecer dicha disciplina, no nos parecía lo más pertinente. Yo, con el apoyo del rector, defendí con uñas y dientes que si venía Sociología tenía que ser con el resto del paquete de Ciencias Sociales que estaban encima de la mesa, esto es, con la inclusión de Periodismo y Ciencias Políticas, cosa que Santiago no estaba dispuesta a permitir.

Al final, en el Consello Universitario de Galicia del 23 de julio de 1990 se aprobó la licenciatura en Geografía e Historia, que junto con los 10 ciclos de Pedagogía y Psicología, configuraron la Facultad de Humanidades, la Licenciatura de Ciencias y Tecnología de los Alimentos (20 ciclo) que junto con los primeros de Biología y Químicas formaron la Facultad de Ciencias, la Ingeniería Técnica de Informática de Gestión y, finalmente, por una carambola a tres bandas (Políticas y Periodismo quedaron finalmente en Santiago y Sociología en A Coruña) la Licenciatura en Derecho, titulación de prestigio que satisfacía nuestras aspiraciones. El resto de estudios que se aprobó en estos momentos para nuestra Universidad se completaban con la Licenciatura en Bellas Artes y la Ingeniería Técnica Forestal para Pontevedra, y las Licenciaturas en Ciencias del Mar, en Traducción e Interpretación y Graduado Social (transformación de la adscrita ya existente) en Vigo.

Organización

Poner en marcha la organización académica y administrativa de los nuevos estudios, todos ellos ubicados en el nuevo edificio (incluida la Biblioteca, Laboratorios, Decanatos y Vicerrectorado) que pasará a llamarse «de Facultades», necesitó un gran esfuerzo de dedicación y colaboración de los distintos equipos decanales dirigidos, en este primer momento, si no recuerdo mal, por los profesores Victoria Carballo-Calero, Eduardo Freijanes, Luis Rodríguez Ennes y Manuel Pérez Cota, y de los profesores y alumnos que les tocó este tiempo de ilusión pero también de miseria, porque, si la propia Universidad no disponía siquiera de Rectorado, a pesar de que era una prioridad en las inquietudes del rector Espada (al final nos acomodamos en precario en el bajo cubierta de la Delegación de Pesca), en un Campus periférico como el nuestro pudimos salir adelante sin apenas presupuestos, ni infraestructuras, ni personal, gracias a los sacrificios de todos, a la optimización de los espacios, la dedicación de los docentes y del escaso PAS del que disponíamos, y a la paciencia de los alumnos.