Los principios


Marx, Groucho, el hermano, el del camarote, explicó muy bien, sin saber que lo hacía, qué le pasa a la clase política del siglo XXI. A la nuestra por ejemplo. «Estos son mis principios. Si no le gustan... tengo otros». En ese régimen moral se mueven los que nos representan. La frase de Groucho es redonda e ingeniosa pero tiene equivalencia en el refranero («Donde dije dijo, digo Diego») y en las expresiones populares («Como te digo una cosa te digo la otra»). No me digan que no es de película de los hermanos Marx la última de la Diputación. El TSXG acaba de anular (confirmando una sentencia de un juzgado contencioso) un concurso interno de la institución provincial apelando a la «desdichada restricción» del mismo. Los magistrados consideran que existía un circuito cerrado que limitaba «injustificadamente» el acceso a las puestos a las personas que ya los estaban ocupando mediante adscripciones provisionales, interinidades o comisiones de servicio.

A José Manuel Baltar, la sentencia, que no le gusta porque le dice que ha hecho las cosas mal, le parece «gravemente errónea». Qué curioso. Cuando lo investigaban por acoso sexual (él apenas hizo declaraciones porque decía que era un tema personal... y tan personal) su entorno se encargaba de agitar en su nombre la bandera del «respeto a la justicia». Cuando el caso se archivó, todavía más.

Ahora que no vienen bien dadas y que una sentencia ilustra cómo se hacen las cosas en la Diputación (¿alguien vendrá que bueno me hará?) la justicia ya no hay que respetarla y hay que enmendarle la plana no con recursos, que es lo suyo, sino con comunicados. Cuestión de principios.

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