Conciliar es imposible


Conciliar es complicado. Lo decía ayer en una entrevista en La Voz la alcaldesa de Viveiro, María Loureiro, y lo suscribe cualquier madre que quiera compaginar su vida laboral con su trabajo. Compatibilizar el trabajo dentro y fuera de casa supone hacer encaje de bolillos para miles de hombres y mujeres que han decidido criar a sus hijos sin renunciar a una carrera profesional, y por más que cada vez se pongan en marcha más medidas para facilitar las cosas, nos queda mucho camino por recorrer.

Si no, que se lo pregunten a las familias que tienen hijos en edad escolar pero esta Semana Santa no tienen ocho días de vacaciones. Esos son, exactamente, los que disfrutan los escolares, que no volverá a las aulas hasta el próximo martes. No discuto que profesores y chavales tengan derecho a tomarse ese descanso pero, ¿qué hacen los adultos para organizarse? Me dirán que hay muchas actividades lúdicas que se programan para esos días, pero ninguna es suficiente para llenar las horas del día durante las que se prolonga una jornada laboral. Navidades, carnaval o puentes festivos a lo largo del año suponen otro quebradero de cabeza para los adultos, a los que no salen las cuentas cuando comparan sus 30 días pelados de vacaciones con los que tienen sus hijos en verano.

Así que habrá seguir recurriendo a abuelos, tíos o primos para encasquetar a los pequeños, mientras los padres nos preguntamos cómo es posible, por ejemplo, que todos los colegios públicos de la provincia tengan jornada única. ¿Es que las madres y padres no trabajan por la tarde? Conciliar no es complicado, es imposible.

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