Cuaderno para una colección

Isabell Seidel, en colaboración con Verino, presentan «Dream Island», en el espacio de Arte Roberto Verino


ourense

«Lanzarote es una isla de tierra fósil, metálica, una piedra sin polvo que la mano de César Manrique ha convertido en el mayor cuadro del mundo» (Luis Rosales).

El espacio de Arte Roberto Verino presenta Dream Island, una serie formada por 26 ilustraciones de Isabell Seidel, resultado de la colaboración entre la artista y el genuino diseñador Roberto Verino para la colección Primavera Verano 2018 cuyos estampados tienen como tema la obra pictórica del multiartista César Manrique, defensor de la orografía, de la idiosincrasia del pueblo y paisaje canario y en otra línea la interpretación personal de Isabell Seidel sobre el paisaje de Lanzarote para incluír en algunas de las prendas de la citada colección del diseñador ourensano. Previamente a esta colección en el mismo espacio de Arte Roberto Verino la artista presentó Hansestadt Lübeck, ilustraciones sobre su ciudad natal con su peculiar mirada y encuadres góticos, mientras no se estrenaba la presentación en pasarela de la colección estival.

Isabell Seidel propone formalizaciones con cierto grado de abstracción de construcciones u ordenaciones geométricas que se fundamentan originalmente en Tatlin y Le Corbusier, abocetados en las arquitecturas falseadas por una perspectiva que se bifurca en espacios que se abren en la parte superior o se expanden, elásticos en forma radial que transforman los edificios en sugerentes imágenes surrealistas distorsionadas con una deformación estilística, como vistas a través de un objetivo de ojo de pez. Propuesta que se caracteriza por la síntesis de la línea, con una elementalidad geométrica como estructura que se contrapone a la plataforma ambiental que construye en las casas expandidas.

Una simplificación figurativa de la forma humana sincrética sobre planos de color fuertemente iluminados que en distintas posiciones se integran en el espacio con un tamaño relativo a su

proximidad o lejanía. Una eclosión creativa por parte de dos lenguajes: el talento de uno de los máximos exponentes del diseño gallego e internacional, el querido Roberto Verino y la realidad caligrafiada bajo la maravillosa creación de la artista Isabell Seidel abarcando distintos campos de la cultura visual.

Una experiencia única de la que surge esta exposición. El diseñador transmitió a la ilustradora la línea que inspiraba la colección y los lugares que consideraba representativos de la obra de César Manrique y de los paisajes que de Lanzarote quería presentar. De esta manera los colores de rojos atardeceres, los paisajes lunares de sus tierras volcánicas, la poética e inhóspita desolación que transmite una vegetación escasa y agresiva que se agita con el viento como las altas palmeras, flexibles como los edificios que parece dilatar expandiéndose en el vacío como sujetos por hilos invisibles que alteran su perspectiva con fórmulas que dibujan líneas convexas. Araña el naranja de las montañas y el riguroso luto del paisaje volcánico se ilumina con los puntos de luz que suponen las casas blancas.

Deslumbran las brillantes salinas de «cegador colorido» que definía Manrique y que en las acuarelas de Isabell se transforman en brillantes espejos de efervescentes formas caleidoscópicas. Hablamos por tanto de una pintura sensorial, en sinestesia de colores, olores y aspectos táctiles que transportan al espectador al paisaje dibujado. Cabe destacar la humilde grandeza de las formas vegetales que modelan un aparente espacio deshabitado, chumberas y cactus que cobran especial protagonismo en esta serie inspirada en la obra de Manrique, resumen de su paisaje.

Los cactus de Isabell Seidel reproducen la identidad de la isla. Con un cromatismo que constituye un acierto técnico, la artista consigue dar volumen y texturas a los elementos vegetales con una rotundidad que parece desafiar la bidimensionalidad del plano. El arte como arma pedagógica se impregna del carácter particular del paisaje autóctono de Lanzarote en el que César Manrique intentaba minimizar la huella humana. De esta manera Isabell representa un paisaje virgen, inexplorado, en apariencia hostil y de emoción paradisíaca sin presencia urbana, con leves incursiones en la forma de los diletantes caminantes que apuntados elevan sus sombras agitadas por un viento que no deja de soplar. El alma del marco arquitectónico narrado por el aire. Para esto fuerza las perspectivas con abruptos picados o contrapicados según la posición de la ilustradora ante el elemento registrado con la depuración formal de su experiencia como urban sketcher.

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