Maristas regresa al desafío sobre ruedas

Alumnos de dos cursos trabajan unidos para participar en un concurso nacional en el que tendrán que defender y diseñar un prototipo de coche de inercia


ourense / la voz

Hiperbaric Challenge es un programa educativo que presenta un desafío a jóvenes de 3º y 4º de ESO, Bachillerato y Ciclos Formativos de Grado Medio y Superior de toda España. Los participantes deben diseñar y construir un prototipo de un coche de inercia, supervisados y orientados por un tutor y mentores. Además tienen que elaborar un proyecto que deberán defender ante un jurado de expertos y del que no solo se valorará la parte técnica: los alumnos deberán lidiar con aspectos más sociales, de márketing y de gestión. Y, finalmente, pondrán a prueba su prototipo en una competición real de trazado urbano. El colegio Maristas de la capital se ha sumado a este proyecto y por tercer año consecutivo preparara un prototipo. En esta ocasión han dado cabida a los alumnos más pequeños, los de 3º de la ESO. «Lo decidimos por las características que tenían los chicos. Pensamos que en ese curso había gente que podría hacerlo. Por primera vez unimos a dos generaciones ya que también hay alumnos del curso superior», explica Elisabeth María Novoa González, tutora del grupo de altas capacidades y rendimiento del colegio que ha elegido este programa. Los participantes se encuentran en la primera fase del concurso, preparando el proyecto y el plan de negocio, que deberán presentar a final de mes. «Deben presupuestar todo. Saber cómo lo van a hacer, cómo van a conseguir el dinero, cómo se van a patrocinar, qué tecnologías van a utilizar, qué mecánica... », relata Novoa. Entonces será la empresa Hiperbaric -líder mundial de la tecnología de procesado de alimentos por altas presiones, que organiza el concurso- la que dé o no el visto bueno al proyecto para que pueda seguir adelante. En la siguiente fase, Hiperbaric enviará las ruedas y la carrocería a los centros escolares -estos aspectos son iguales para todos los participantes- para que los jóvenes las adapten, pinten y preparen como ellos prefieran. «Los alumnos no pueden copiar de años anteriores, tienen que innovar. Algunos se decantan por un sistema más tecnológico o informático y otros apuestan por los frenos o por la suspensión», explica la tutora.

Al margen de lo puramente técnico, los alumnos deben constituirse como empresa. Han tenido que dividirse en secciones y repartirse las tareas. Porque uno de los aspectos más importantes será la búsqueda de financiación (para poder sacar el proyecto adelante) y de talleres que les puedan ayudar a crear piezas. «Ellos se van a tener que enfrentar, por ejemplo, a ingenieros de una empresa que les harán preguntas. Normalmente la primera vez no es buena, pero eso es parte del aprendizaje. Al final es una gran experiencia para ellos», explica. El colegio Maristas de la capital sabe lo que es ganar en este concurso. Lo hizo el primer año que participó y dejó el listón demasiado alto. «Lo más importante es que acaben la carrera, sea en el puesto que sea. Pero deben centrarse en trabajar en innovación y que todo funcione, eso también se tiene en cuenta», subraya. Al final de todo, queda la experiencia de haber formado parte de un equipo, de hacer algo dentro del colegio que no sea repetitivo. Es, en definitiva, lanzarse al desafío.

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