El número 26


El edificio del que cuelga el número 26 de la calle Curros Enríquez, en la capital ourensana, es antiguo. Se nota nada más entrar en el portal y se hace evidente en las estrechas escaleras que llevan al primer piso. Pero en cuanto tocas el timbre de la puerta izquierda del rellano ya empiezas a sentirte mejor. Es como si ese sonido, que retrotrae a las visitas del domingo a casa de la abuela, te hiciera olvidar los prejuicios -efecto secundario de la actual sociedad de las apariencias- y sintieras que, efectivamente, dentro te espera el abrazo cariñoso de la yaya. No es así, claro. Pero casi. Porque aunque el rostro que verás no estará surcado por tantas arruga, tendrá la misma sonrisa -en los labios y en los ojos- que te hace sentir bienvenida sin necesidad de palabras. Y ese instante será el principio de la remontada. De la tuya personal. Porque ahí, justo detrás de la puerta del primero izquierda del número 26 de la calle Curros Enríquez no te conocen, pero todos están esperándote. A ellos podrás hablarles de tus temores, incluso los que no te atreves a contar a la familia porque crees que ya están sufriendo más de la cuenta por ti; con ellos podrás aclarar dudas sin relojes que amenazan con que se agota el tiempo y aprender a reconocerte de nuevo y a iniciar un camino distinto. Una senda en la que no debes esperar más milagro que el de descubrir el placer de sentirte a gusto contigo misma y orgullosa por hacerlo posible. Porque ellos, al igual que la yaya, te van a hablar claro, sin paños calientes, cuando toque; pero también como ella, van a ser tu apoyo. Este año ya han recibido a 206 que, como tú, tienen un cáncer de mama, así que tienen experiencia.

Conoce toda nuestra oferta de newsletters

Hemos creado para ti una selección de contenidos para que los recibas cómodamente en tu correo electrónico. Descubre nuestro nuevo servicio.

Votación
1 votos
Comentarios

El número 26