Los acertijos visuales de Carlos Montero en el espacio de arte Roberto Verino en la céntrica calle del Paseo
16 ene 2017 . Actualizado a las 05:00 h.«La felicidad es una cosa monstruosa. Quienes la buscan encuentran su castigo». Flaubert.
«Como quien escribe un cuadro» define la obra de Carlos Montero el diseñador y creador ourensano Roberto Verino; es «imaginación y pensamiento» para Alfredo Conde; «un arquitecto que irrumpe en el mundo de los sueños» para Isaac Díaz Pardo. Pinturas y dibujos, en un total de 13 obras de Carlos Montero se exponen en el Espacio de Arte Roberto Verino. El artista maneja con maestría desde un surrealismo alegórico y geómetra el lirismo poético de la narración, el humor y la ternura y un vitalismo heroico y emocional transigente y conocedor de la condición humana.
El eterno retorno en Alicias; una jaula construida con escaleras que no van a ninguna parte, sin salida. Perdidas dentro del laberinto de sí mismas. Constituye un homenaje a Escher en los pasos sin principio, sentido ni fin de Relativity, Belvedere o Waterfall, sus arquitecturas imposibles y un magnífico trabajo arquitectónico plagado de trampantojos con críptico significado, una paradoja creativa que plasma la realidad en la bidimensionalidad del plano con intención y simulación 3D. Un puzle visual en el que los ángulos no tienen el mismo sentido y las perspectivas alteradas, sus inversiones y doble sentido llevan a pensar en la deshumanización de la sociedad contemporánea con una sucesión de autómatas que se tocan pero no se ven como si fueran habitantes de distintos mundos o dimensiones con tres centros gravitatorios que en su juego consigue. Alicias que se deslizan sobre tejados como toboganes, que caminan al revés, otras surcan el espacio en su vuelo como nadando sobre el infinito en caída libre, algunas alcanzan el globo de Star y otras lo hacen en aviones de papel rozando la gran campana que cierra el nombre del autor. Una alegoría sobre la falta de libertad del ser humano, existencialismo sujeto a la jungla de cristal edificada por uno mismo, por las barreras psíquicas o físicas autoimpuestas y una óptima demostración de virtuosismo en el dibujo con el que el artista perfila, estructura, espacios constructivos y gravita con volúmenes. Los juegos de sombra y luz le confieren una plasticidad atemporal e inusitada.
Lírico se muestra en el díptico Otoño en el que la estación se integra en el patio de vecinos que se va llenando de hojas de cuya aglomeración da forma al hombre del otoño, orondo como si por Botero fuese pintado y que descansa cual Baco, hedonista invitando a una vida de excesos. El protagonismo de la figura hace un pulso al espacio compartimentado de seres solitarios y expresión ensoñadora que se asoman a sus ventanas obedeciendo a distintos prototipos contemporáneos ironizados y en la inclusión de un personaje anacrónico con rasgos arcaizantes, gola y pose medieval. Algunos de estos personajes extienden la policromía multicromática y dorada de los matices del bosque gallego en otoño, otros, sin embargo, se han rendido a la anodina y fría transparencia del invierno con su manto gélido que desenfoca, niebla e invisibiliza.
Los pájaros anidan en las cabezas de la gente. Algunos personajes los liberan entre sus cabellos en los que pueden atisbarse las cabezas de los gansos articuladas y en movimiento como serpientes de una Gorgona, otros menos valientes las ocultan y atrapan en jaulas, aquellos que por miedo a volar prefieren cortarse las alas.
En Pompeya el uso expresivo de la mancha lleva a la definición del dibujo de ahí el componente surrealista que subyace en la obra de Carlos Montero a través de dos líneas: la del dibujo de borde afilado como bisturí, constructor de espacios vacíos y volúmenes, expresión del concepto mental y la del artista emocional y gestual que experimenta a través del color expresivo y la mancha generadora de tensiones.
Marea roja es un impresionante óleo cuya viveza cromática iguala en atractivo su ironía y refleja la alegría de vivir presente en la obra de este artista. Sitúa a los cardenales de espaldas cuya isocefalia y ropaje sugiere el título, mientras que centra la atención sobre el personaje individualizado y repetido de gesto triunfante como en una secuencia paracinematográfica en la que se observa en la misma escena dos tiempos o proximidades distintas. Cabe destacar la estructuración y el humor además de una excelente calidad del dibujo en Energías alternativas y la nostalgia desde una visión existencialista de un pasado del que nunca se puede huir porque viaja con nosotros y sin equipaje. Cartesiano en Astrónomos plantea su interés por la ciencia.