«A Ponte lo es todo para mí»

Cándida Andaluz Corujo
Cándida andaluz OURENSE / LA VOZ

OURENSE

miguel villar

Más de cincuenta años peinando a varias generaciones de ourensanos

11 sep 2016 . Actualizado a las 05:00 h.

Nació en Faramontaos de Viña hace 65 años. Tras más de media vida dedicada a su profesión, la de peluquera, María Rosario Fraiz Agromayor, conocida por todos como Charo, ha colgado secadores y peines para, subraya, pagar una deuda pendiente: estar con la familia. Con 13 años y las ideas claras, Charo comenzó a trabajar en una peluquería que había montado su prima Olga. Era lo que quería hacer aunque su madre, recuerda, prefería que se dedicase a la costura. Que fuera modista. En la carretera de A Granxa hizo sus primeros peinados, secados y tintes. Una gran escuela en donde estuvo siete años. «Ella era una gran profesional y aprendí a tener disciplina, que es muy importante», afirma. Recuerda que se trabajaba mucho. A los 21 se trasladó a A Ponte. Un salto profesional que fue posible gracias a que siempre, durante todo su vida, tuvo clara la importancia de formarse. «Conocí a una señora que tenía una peluquería en la zona de A Ponte. Ella no era peluquera y necesitaba una persona con carné profesional. Y yo en ese momento ya lo tenía». Recuerda que era difícil conseguirlo: «Era un examen de cinco horas que hice en la antigua casa sindical». Dos años más tarde, Charo emprende la aventura en solitario. Se hace autónoma. Ya estaba casada y en la misma vivienda tenía su casa y la peluquería. «Trabajaba desde las siete de la mañana hasta las once de la noche. Llegaban los autobuses y me timbraban a la puerta y trabajaba así durante todo el día», relata. Fueron años duros, de mucho esfuerzo. Primero trabajó sola y, más tarde, contrató a personal. «Trabajábamos sin horarios», afirma.

Por eso, Charo asegura que tiene una asignatura pendiente, la de compartir más tiempo con su familia. Con quienes hicieron posible -tanto su marido como sus hijos- que su esfuerzo fuera dando frutos. «Mi marido era profesional del transporte. Así que tampoco pasaba mucho tiempo en casa. Con todo el trabajo que pasé fui una persona muy afortunada con mi familia. Tuve siempre el apoyo de mi marido y mis hijos que no me pudieron salir mejor. Me dieron las preocupaciones justas. Eso te da fuerzas», dice emocionada. En contra de toda su familia, que pensaba que ya era demasiado el esfuerzo que hacía día a día, Charo decidió finalmente comprar un bajo y desplazar el negocio. «Llegó un momento en el que me di cuenta que el mercado buscaba otras cosas». Por esa tenacidad y por su continua evolución puede decir que su negocio nunca decayó: «Tuve épocas difíciles pero siempre conseguí mantenerlo en una línea». Incluso cuando llegaron los peores años de la crisis. No es cuestión de suerte. Charo tiene muy claro cuál fue el secreto: «Ser muy constante en el trabajo, mimar mucho a tu equipo a la parte humana y la formación continua». Este último apartado lo llevó a rajatabla, incluso cuando ya tenía la vista puesta en dejar de trabajar. «Porque te jubiles mañana, no debes dejar de ir a un curso. Creo que esto es muy importante en todas las profesiones». En el último local, en la calle San Rosendo, estuvo doce años. «A Ponte lo es todo para mí. Me sentí súper querida y acogida». Y es que sus clientes fueron primordiales. «Para mí siempre ha sido muy importante respetar a mi clientela. Si me necesitan un domingo nuca dije a nadie que no». La relación fue siempre muy estrecha, pero siempre con mucho respeto. Quizás esa fue la razón por la que Charo peinó hasta cuatro generaciones de una familia. «Me extrañaba que llegando fiestas, hubiera niñas con 15 ó 16 años, que quisieran, cuando yo me rodeaba de un equipo joven, que yo fuera quien les atendiera», subraya. Y enseguida, da las gracias a su equipo, a las personas que le acompañaron en la última trayectoria. «Empiezas a valorar otras cosas que el propio trabajo, agradezco el respeto que tuvieron con el negocio», dice. Y cree que el mundo de la peluquería se valora muy poco: «Lo comparo con estética. Este gremio eligió un camino distinto y se valoran mucho más. De los profesionales no entiendo que tiren los precios. Si se trabajan con casas de primera línea y quieres dar calidad a los clientes, no puedes tirarlos». Por eso dice que la formación es muy importante, una asignatura pendiente: «No sé dónde está el fallo. No quiero echar la culpa a los formadores, quizás es que la gente no tiene interés en lo que hace. Te tiene que gustar porque es muy sacrificado». Afronta una nueva etapa en la vida. En la que quiere dedicar a sus marido, hijos, nieta y resto de la familia todo su tiempo. «Soy una persona muy creyente y Dios me ayuda mucho», subraya.

Cree que el gremio de la peluquería está poco valorado, incluso por los profesionales

«Los secretos del éxito son la constancia, la formación y cuidar al equipo humano»