Caerse a cachos


Seguro que lo ha presenciado alguna vez. Un niño que lleva meses sin tocar un juguete. Tiene hasta polvo. Llega un hermano o un amigo y lo coge. Entonces se convierte, automáticamente, en su favorito, en ese que no puede prestarle a nadie porque le resulta imprescindible. Un adulto le recrimina al propietario del juguete su actitud: «Pero si ni siquiera te acordabas de él. Por qué no se lo dejas». La escena suele terminar con llantos. Para llorar, precisamente, es el estado de la vieja prisión de Ourense. A cachos se nos cae y no es una licencia literaria. Lo peor no es eso, que nos acordemos de ella porque los cascotes pueden impactar en nuestras cabezas, sino el hecho de que es improbable que el inmueble se recupere -que la ciudad lo recupere- a corto plazo. Ese edificio lleno de historias -algunas contadas, otras por contar- está a punto de pasar la historia.

El Concello de Ourense peleó con el gobierno central para lograr tener la propiedad de la vieja prisión. Una permuta lo hizo posible. Y desde entonces, la nada. Porque los proyectos que podrían haber servido para dotarla de contenido (y para que no se deteriorara de manera casi irremediable) nunca pasaron de ser eso, proyectos. ¿Les suena? Seguro que sí, no obstante vivimos en la provincia de los planes estratégicos.

De ahí la referencia a los niños y a los juguetes. Aunque la intención fuera buena, ¿realmente fue una decisión acertada pelear por hacerse con un edificio que el Concello no iba a ser capaz de mantener, tal y como ha demostrado el paso del tiempo? ¿Era tan importante decir que el juguete, en este caso la cárcel, era nuestro? Si se hubiese quedado en manos del Estado probablemente hoy seguiríamos teniendo la acera acordonada para evitar que las tejas cayeran a la calle. Aunque quizás por contar con más medios o con más capacidad de maniobra a estas alturas el inmueble tendría un uso y, por tanto, un presente y un futuro.

Cierto que las reglas de este juego -la inseguridad jurídica que bloquea que la solución venga del sector privado- son estrictas pero quizás se tendría que haber pensado antes si merecía la pena jugar la partida. Si había alguna opción de ganarla.

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