El buen arquitecto

Alberto de Paula, presidente del COAG en Ourense

OURENSE

No podemos ni debemos entender nuestros pueblos, nuestras villas o nuestras ciudades como elementos estáticos concebidos con imágenes evocadoras de otros tiempos y otras realidades.

Nuestros lugares, nuestro territorio y nuestro paisaje se configuran como elementos dinámicos, vivos, formados por sustratos en los que cada tiempo hace su aportación.

Cierto que las agresiones a nuestro territorio son y han sido evidentes, pero la solución no puede pasar por la reproducción sin reflexión de patrones y modelos de otros tiempos renunciando a una arquitectura contemporánea, que pueda reinterpretar el patrimonio heredado, una arquitectura fundamentada en nuevas capacidades técnicas y en las actuales necesidades sociales y económicas. Y es aquí en donde interviene una figura fundamental, la del buen arquitecto, el profesional capaz de realizar una arquitectura desde el ser humano y para el ser humano, desde el entendimiento del territorio y del espacio construido.

Por desgracia no soplan vientos favorables para los arquitectos. La falta de regulación de unos honorarios mínimos profesionales, basándose en una mal entendida competitividad, y quizás el no haber sido capaces de transmitir a la sociedad la importancia de un buen profesional en cualquier intervención arquitectónico-urbanística es la causa de ello.

A este sin sentido que estamos viviendo ayudan muchas veces las administraciones públicas, que a la hora de convocar concursos para la redacción de proyectos de arquitectura priman casi exclusivamente la oferta económica y dejan en el mejor de los casos en un segundo plano la calidad de la propuesta arquitectónica, esa propuesta que además de resolver adecuadamente el programa funcional requerido procura un mejor servicio a los ciudadanos, integrando una nueva obra de arquitectura en el entorno construido, creando espacios públicos y regenerando entornos degradados.

La arquitectura es una disciplina demasiado importante para nuestra sociedad como para dejarla en manos del mercadeo. Al arquitecto se le ha de valorar por lo que hace pero sobre todo por lo que sabe. Pero las ganas de hacer de los buenos profesionales de la arquitectura pueden con todo esto, dejando por nuestra provincia importantes muestras de arquitectura de gran calidad, algunas de reciente factura y otras que con más de cuarenta años de edad, como la Universidad Laboral de Ourense o el Convento de las Carmelitas Descalzas en Vistahermosa -entre otros-, respiran modernidad por todos sus costados.

Y es que la arquitectura no es una cuestión de modas sino de buen hacer.

tribuna abierta