Por WhatsApp

María Cobas Vázquez
María Cobas DESDE MI MONTAÑA

OURENSE

Que estamos enganchados y no nos comunicamos entre nosotros. Que preferimos hablar por WhatsApp que hacerlo con las personas de nuestro alrededor. Que si hasta comiendo tenemos el móvil en la mano. Que ni en clase los chavales lo sueltan. ¿Incomunicados? ¿Seguro? Yo creo que estamos más comunicados que nunca. Otra cosa es que estemos comunicados con los que nos interesa estar ?que por norma, en la adolescencia, los padres no forman parte del listado? y por eso recurrimos tanto a los móviles. Igual es que no podemos hablar cara a cara con quien queremos hacerlo y por eso nos miramos a través de la pantalla. A veces la distancia. A veces las circunstancias. A veces la realidad. Yo creo que por eso nos gusta tanto el WhatsApp (aunque haya quien lo odie). Es esa ventana al mundo, ese espacio en el que poder ver la carita de la hija recién nacida de unos amigos sin invadir la intimidad de esos primeros momentos en familia, el que nos permite el guiño simpático a quien nos hace sonreír con un simple buenos días enviado desde la distancia, o el que hace que una tarde aburrida se convierta de pronto en un día de muchos planes porque unos por otros, nos venimos arriba. ¿Todo bueno? No, claro. Sigo prefiriendo las conversaciones cara a cara. Pero no siempre se puede. Y, además, escribiendo siempre pasa que el tono se lo pone el que lee. Y eso, a veces, también trae problemas. Por eso, si volviese a la infancia, seguro que guardaba el móvil y bajaba a jugar a la calle como siempre. Bastaba estar a partir de las cinco en las escaleras del jardín. Allí estaban los amigos. Ahora, aún lejos, nos encontramos en WhatsApp.