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Realmente creemos que Ourense tiene una industria turística. En época electoral a más de uno y de dos candidatos, de diferentes partidos políticos, se les llenó la boca hablando de la industria turística ourensana. Hablaban de nuestra provincia como centro neurálgico del termalismo en Europa. Ahora bien, no debemos olvidar que para poder hablar de industria termal no solo basta con tener una gran cantidad de aguas minerales, es totalmente imprescindible tener un infraestructura hotelera, balnearios y servicios de alta calidad.

A día de hoy, además de una limitada capacidad hotelera, en nuestra capital no tenemos un hotel balneario que pueda ser el motor o el centro de referencia de la tan renombrada Capital Termal. Creo que todos estamos de acuerdo en que termalismo no son cuatro pozas, con un mantenimiento y unas atenciones más bien escasas. El termalismo como concepto turístico debe comprender mucho más, debe cubrir desde la estación de AVE, pasando por la oficina de turismo y los transporte urbanos de calidad, hasta una extensa y variada carta de locales de restauración y ocio.

Si realmente nuestros políticos -y en consecuencia los ourensanos, pues no olvidemos que a los políticos los elegimos los ciudadanos libremente- quieren basar nuestro crecimiento y nuestro modelo industrial en el sector turístico, no deberíamos centrarlo exclusivamente en la riqueza termal. Hay otro tipo de actividades, como festivales de cine, teatro o música, eventos deportivos o lúdico gastronómicos, que tienen un «efecto llamada» muy importante, haciendo de nuestra ciudad el centro neurálgico de los aficionados y seguidores de este tipo de eventos que, al visitarnos, se hacen consumidores y admiradores de nuestras charcas.

Sinceramente creo que debemos reflexionar y poner los pies en el suelo. A día de hoy estamos muy lejos de ser una industria turística, carecemos de instalaciones e infraestructuras mínimas necesarias. En realidad, y por desgracia, Ourense está muy lejos de ser cualquier tipo de industria, tal vez sea mejor ser una tranquila ciudad industrial del norte que intentar convertirnos en un seudo Benidorm, con mas frio y mal tiempo, donde los jubilados de todo el país vengan a tomar aguas pues se las ha recetado su médico de cabecera.

Lo importante es dar confianza y tranquilidad a los ciudadanos, se debe apostar por un modelo, trabajar por objetivos reales y conseguibles. Sin engañarnos con falsas ilusiones, pues la confianza en la industria turística, si realmente es el modelo que se buscara en futuro y no existe un cambio por una más propagandística, será la única manera continuar con el arraigo y mantener la población y convertimos en una provincia envejecida, en la que solo hay ourensanos de visita por Navidad y vacaciones

Por Luis H-Cachalvite Economista

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