Las palabras perdidas

tareixa taboada OURENSE

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La exposición está en la sala Coroto?s, un nuevo espacio expositivo en la rúa da Paz.
La exposición está en la sala Coroto?s, un nuevo espacio expositivo en la rúa da Paz. miguel villar< / span>

Gloria Pedrouzo expone su fotografía emocional en la sala Coroto's

19 oct 2015 . Actualizado a las 05:00 h.

crítica de arte

«Su alma exasperada y sus sentidos mordidos por el tedio, ¿se habían entregado a la jauría enfurecida de deseos errantes y perdidos?» Baudelaire.

La fotógrafa Gloria Pedrouzo presenta la exposición Las palabras perdidas en Coroto's, tienda de artesanía y nuevo espacio expositivo dirigido por Raquel Rodríguez Ferré (rúa da Paz, 18). El término coroto procede del léxico venezolano y se traduce como forma de denominar un objeto sofisticado cuyo nombre no se recuerda y por extensión a cualquier tipo de objeto. El origen del vocablo se sitúa en el gusto que cierto presidente venezolano tenía por unos cuadros de Corot que poseía y llevaba con él en sus viajes. Tal era la devoción que profesaba a las obras, que el personal encargado de embalarlos fue quien generalizó la palabra como referencia a la obra del pintor francés y para definir un objeto valioso de manera irónica.

El proyecto expositivo, incluido en el Outono Fotográfico, constituye un relato dramático y escenográfico, fruto de una estricta planificación, siguiendo un proceso de interiorización de cada elemento compositivo de valor estructural, estético, simbólico o conceptual.

Explora «lo sublime» del romanticismo, con alusiones de poesía descarnada a Wilde y Poe, realizando una reinterpretación del body art y el accionismo vienés, para cada escenografía generando imágenes de gran pictoricismo dadas las texturas con el cuerpo como soporte plástico. Dado el carácter efímero de las acciones la fotografía constituye el testimonio documental de las mismas sin perder el aura ni su valor emocional.

Sus imágenes narrativas, cuentan historias de periferias emocionales, afectivas, efectistas, plásticas. De dolor y ausencia, del amor y sus tragedias y de la insoportable traición del olvido.

El vacío se hace denso como la sangre cuando se agolpa en la sien, protagonista de unos espacios proyectados para subrayar el discurso narrativo, la tensión dramática, mediante un atrezo artificioso que define lugares y personajes, una luz irreal, generadora de una atmósfera extrema. Exagera las disfunciones del individuo y su relación con la realidad en su función catártica del ser en tránsito, por los espacios que (des)habita, los no-lugares del pensamiento, atrapados en un espacio atemporal, los personajes aislados son condenados a la ignominia del silencio, la reclusión y el anonimato.

Despierta en el espectador la morbosa perversión del voyeurismo, intromisión de lo público en lo privado, descontextualizando el espacio y ampliando el concepto de alteridad. Plantea el conflicto del malditismo, la angustia del artista incomprendido, dentro de un mundo al que pertenece pero al que se siente enfrentado.

La inmolación del artista como víctima de su relación disfuncional con la realidad, basada en una crónica de afectos, expresión de individualismo y rebeldía, en una decadencia estética expresiva y sofisticada. Sus antihéroes dolientes exhiben sus heridas, vulnerables, abatidos, derrotados, valientes, convirtiendo, como Baudelaire, el héroe romántico en personaje gótico, incapaz de escapar de un hado fatal. Recrea ese pathos en imágenes, que exploran los límites de la percepción visual, manipulando los objetos para que el espectador cuestione su visión preconcebida de la realidad.

La obra se articula a través del concepto de pérdida. En Hospitales perdidos analiza mediante el dramatismo expresivo de la bicromía contrastada del blanco y negro, la locura como pérdida de la razón, alterando los límites de la cordura sobre espacios desolados. Duplica e hipertrofia el modelado orgánico de la figura, apéndice del terror, que se deshace en efectos acuosos de retoque fotográfico reforzando el plano sensorial con calidades táctiles e impacto expresivo por la tensión que genera la imagen descentrada e ingrávida, enajenada y desgarradora en el plano expresivo.

La última danza analiza el tema del desamor como pérdida de la realidad. Las imágenes se nutren de efectos teatrales. La sangre dibuja muecas de carmín en los exangües rostros de Ofelias suicidas y cuerpos inanes.

Tiempo de silencio enfrenta al espectador la violencia del maltrato como pérdida de la vida. La crueldad reflejada en los cuerpos lacerados, envueltos como en sudarios, remite a Magritte.