Varios ourensanos partieron los festivos de Semana Santa para visitar algunos amigos que por circunstancias de la vida se fueron a buscar las habichuelas a la ciudad alemana de Stuttgart. Llegaron el miércoles, visitaron el jueves laborable la ciudad, y el viernes a la noche planearon ir de marcha por la vida nocturna urbana. Pero algo les hizo sospechar que andaban por territorio católico porque las fiestas del barrio donde se hospedaban, el viernes santo estaban paralizadas, silencio absoluto y recinto cerrado, a la mañana, a la tarde y al anochecer también. Un poco mosqueados se pusieron a las 11 de la noche a patearse la villa y corte: silencio total, discotecas y pubs cerrados, centros comerciales con actividades gastronómicas sumergidos en la mas absoluta oscuridad, ni los cines ofertaban programación. Boquiabiertos preguntaron luego que sucedía, pues simplemente que una ley federal alemana prohíbe en todo el territorio merkeliano cualquier actividad de espectáculo o diversión en Viernes Santo. Nuestros amigos si fuesen a Hamburgo, Colonia, Múnich o Fráncfort se hubieran encontrado con la misma situación, excepto Berlín que a partir de las 21 horas, los vecinos ya se pueden desmadrar con los placeres de la vida. Y decía uno de nuestros turistas aurienses que la Semana Santa alemana le recordaba mucho a la de Franco.