«En 1983 no cobraba ni el alcalde»

pepe seoane OURENSE / LA VOZ

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Santi M. Amil

Con 18 años, siendo estudiante, entró como concejal del PSOE en Ourense

17 ago 2014 . Actualizado a las 20:00 h.

Cuando Miguel Villar Paulos (Ourense, 1964) tomó posesión como integrante de la corporación municipal de Ourense en el año 1983 tenía 18 años y tantas ganas de cambiar el mundo como de seguir formándose y de empezar a trabajar. Formalmente era estudiante y militaba en Xuventudes Socialistas. Preparaba oposiciones para trabajar en Renfe, que es donde actualmente desarrolla su actividad profesional. Nunca había tenido necesidad de acudir a la consistorial, por lo que conoció la casa el día de su toma de posesión, en un acto en el que compartió mesa de edad con el fallecido y entonces peso pesado de la política provincial David Ferrer Garrido. Fueron cuatro años de vacío, de cruda oposición, con Antonio Caride Tabarés de alcalde. «Todos los días aprendía algo. Era un corporación con concejales y políticos de altura. Allí estaban Veiga Pombo, Vázquez Conde, Victorino Núñez, José Luis López Iglesias, David Ferrer y, entre otros, Eladio Diz Ojea, que acaba de fallecer. Nadie vivía de la política. Ni siquiera el alcalde, Antonio Caride Tabarés».

Los cuatro años del mandato de aquella corporación, entre 1983 y 1987, no se recuerdan por su actividad. Pasó con más pena que gloria y dejó un PXOM.

«Nosotros, francamente, esperábamos seis concejales. Haber logrado diez fue una sorpresa. Que yo hubiera entrado en el Concello forma parte de aquella sorpresa. Seguramente era el efecto Felipe», dice el exconcejal, que reconoce en Felipe González a un auténtico líder. En la actualidad ni milita en el partido socialista. Se dio de baja. Nadie le preguntó por qué, quizás porque un partido no es una empresa de telefonía para molesta al cliente. Si se va, allá él.

Había llegado a la política por el camino natural, que eran las juventudes. ¿Concejales a los 18 años? Hoy es impensable, reflexiona. «Entonces, en la pandilla, en el grupo de amigos, la vida era otra cosa, algo distinto a las redes sociales y al teléfono móvil. Actualmente, los jóvenes se enteran, pero apenas se involucran. Por eso gana el PP, claro».

Se muestra Miguel muy crítico con el expresidente Rodríguez Zapatero. Desencantado. «Le faltó valentía para decirnos lo que se nos venía encima. Sabía lo que había y debería haber dicho abiertamente que era necesario tomar tales o cuales medidas, que venían impuestas y no eran agradables. Si hubiera hablado claro, la historia sería diferente. Obró mal», concluye.

Mirada atrás. En 1987 ya no repitió. «El esquema era otro. Yo no me fui. A mí me apartaron. Aquel acuerdo confederal para que en las listas hubiese jóvenes en puestos de salida se diluyó. Había otras perspectivas. Entraron en juego zancadillas y codazos. Y yo, que en 1983 era un chaval dispuesto a aprender, me vi después apartado cuando sí podía aportar algo», lamenta. De todos modos, no entonces sino ahora sería el momento de aprovechar la experiencia. «A los cincuenta es cuando estás realmente preparado», considera.

¿Y ahora? «Lo extraño es que, con lo que llueve desde hace tiempo, no ardieran las calles. Había que canalizar el cabreo y el rechazo generalizado a una clase política que no ha sabido adaptarse y surgen opciones, una en particular, incómoda para todos, desde el PP y el PSOE a Izquierda Unida o el BNG», constata.

Como único refugio mantiene la actividad sindical, que desarrolla en Comisiones Obreras hace ya años.

¿La vida política municipal actual? «Peor imposible», remata.

miguel villar paulos