La familia del niño con parálisis cerebral recibió varias donaciones
03 may 2014 . Actualizado a las 07:20 h.En la casa de Adrián, un niño de Celanova de ocho años afectado de parálisis cerebral, la angustia se ha tornado en sonrisas. «Estamos encantados y muy, muy agradecidos por todo y a todos los que nos han ayudado. Nos han cambiado la vida», resume María del Mar, la madre del pequeño cuya historia dio a conocer La Voz el día 27 de marzo.
Adrián, que no ve, no se sostiene en pie ni tiene control sobre sus extremidades o su cabeza, no disponía de una cama articulada en la que dormir, ni de una grúa que facilitase su movilización para llevarlo al baño. Su familia, sencillamente, no podía permitírselo y la madre, con espina bífida, soportaba el sobreesfuerzo de mover sus 25 kilos que, además, desde la supresión del transporte adaptado, se había multiplicado ya que era ella quien lo cargaba en brazos para introducirlo en el vehículo familiar y llevarlo y traerlo al centro especial de Velle, donde va al colegio. Al contrario de lo que ocurre con las furgonetas de transporte adaptado, la silla de ruedas que usa Adrián no entra en un coche normal.
Ahora algunos de esos esfuerzos son ya pasado, gracias a la movilización solidaria que provocó su caso. La confederación de discapacitados Cogami y Cruz Roja se pusieron manos a la obra para paliar la situación. Después de varios intentos infructuosos -porque el material no se adaptaba a las necesidades de Adrián-, finalmente Cogami ha encontrado y les ha prestado una grúa.
La cama llegó desde Lobios, a través de un particular. «Al parecer la hija, que es guardia civil en Málaga, vio la historia por Internet y como sabía que su madre tenía una cama adaptada que habían comprado para su padre y ahora ya no usaba, se puso en contacto a través de Cruz Roja de Celanova», narra María del Mar.
En junio, Cruz Roja pondrá en marcha un llamamiento de micromecenazgo dentro de su programa «Agora + que nunca» con el objetivo de recaudar el dinero necesario para adquirir una silla especial «porque no tenemos para hacer algún apaño con nuestro coche para que quepa la de ruedas, ni mucho menos para comprar uno nuevo».
De momento la falta de transporte adaptado sigue siendo un gasto añadido para la familia -en la delegación de la Xunta les habían prometido ayudar a financiar la gasolina, aunque no han vuelto a tener noticias- pero al menos la calidad de vida de Adrián ha mejorado notablemente.