De Múnich a Santiago de Chile

pepe seoane OURENSE / LA VOZ

OURENSE

El bienestar real «depende de la cantidad de veces que te ríes al día»

24 dic 2012 . Actualizado a las 13:00 h.

Quienes conocen a María Cepeda saben que nunca se iba a resignar a esperar a que le ofrecieran un trabajo. Su apertura al mundo la hizo desde Austria, en el corazón de la vieja Europa. «Llegué a la conclusión de que había mucho que conocer, que no podía conformarme con permanecer cómodamente instalada en casa y que, al menos durante unos años, que ahora sospecho que serán muchos, trataría de buscarme la vida en eso que llamamos el extranjero, aprovechar oportunidades y disfrutar del día a día».

Tiene claro de qué va el mundo. «Sé que a mis padres les encantaría que mi blog, que creé hace tiempo como ?momentos de expatriados? pasase a ser de ?repatriados?, pero también sé que están orgullosos de lo que hago y lo que he logrado», dice, de entrada, sin dejar de reivindicar su afán de independencia, sabiendo que su carrera la podía llevar a cualquier parte del mundo. Casi. «Lo importante es terminar pronto y adquirir experiencia. Las empresas de ingeniería suelen fijarse en cuánto has tardado en terminar la carrera y si sabes mantener una conversación en su idioma y no en títulos de idiomas o notas».

Cientos de emails y algunos días después de haber estado recorriendo Austria y el sur de Alemania «con una pequeña maleta» y en pos de un trabajo, llegó a ILF, una de las empresas más importantes del mundo en su área. Múnich es «esa preciosa ciudad que asociamos a salchichas y cerveza, los Dirndl y los Lederhöse (los trajes típicos de Baviera), los mercadillos navideños y los alemanes serios y estirados, los de la planificación, el orden, el auténtico estado de bienestar, los jardines estratégicamente situados, el reciclaje como forma de vida, la élite, los ricos de Europa, la misma de tantos ingenieros españoles». Fueron meses de intenso aprendizaje antes de dar el salto a Chile, «el último lugar, lo confieso, donde hubiera pensado trabajar antes de estar allí».

Dos días y como en casa. «Es un país donde la presencia de españoles es visible», aunque, como lamenta, no todos están en la misma situación ni tienen las mismas perspectivas. Son tantos los ingenieros españoles en Chile que en el país ya limitan contratos a extranjeros.

Adaptarse es otra historia. «Nada que ver con Alemania. Acostumbrada a oficinas silenciosas, donde solo se oye el sonido de los teclados al escribir y algún que otro teléfono, me parecía un paraíso, con pausas para café, animosas charlas en español -uno llega a valorar mucho que los demás hablen su propio idioma- y sobre todo alegría, aunque trabajásemos duro para cumplir objetivos». Santiago de Chile pasó a ser centro para viajar por Latinoamérica, «donde no dejé de sorprenderme por la cultura, la gente y la belleza».

Está encantada de su decisión. «No hubiera visto que en cualquier parte del mundo hay gente maravillosa, que es lo que me llevo de los sitios: no importa dónde estés, sino con quién. Se desarrolla una capacidad de adaptación e instinto de supervivencia extraordinarios, y problemas que antes parecían un mundo se vuelven insignificantes. Me he dado cuenta de que ese bienestar que se busca cuando eliges la ciudad donde vivir, no depende de si un autobús llega con un minuto o con media hora de retraso, sino de la cantidad de veces que te ríes al día».

maría cepeda fernández ingeniera de caminos, canales y puertos