Sueña con recorrer el mundo con su cámara o probar suerte en el cine
10 dic 2012 . Actualizado a las 07:10 h.La afición del padre ha guiado la apuesta profesional del hijo. La cámara analógica que hoy es como una parte más de sí mismo fue una adquisición de su progenitor hace varias décadas. Como ocurre en muchas familias la máquina empezó a caer en las manos de Edgar cuando era todavía un niño, y esos recuerdos infantiles le dieron la respuesta a una pregunta que nunca tuvo muy clara: ¿qué quieres ser de mayor? Ha ahorrado como hormiguita durante años su paga semanal para montar su propio laboratorio y este año ha colgado dos exposiciones en el Outono Fotográfico, en ambos casos retratando el día a día de la vida de la gente sencilla, utilizando su cámara analógica y el revelado tradicional.
-¿Cuándo decidió que quería formarse en serio y dedicarse a la fotografía?
-Hice un curso en Pontevedra y la primera fotografía que saqué la traje a casa y mi madre me contó que mi padre había llorado. Él puede no entender de terminología técnica, pero es un gran aficionado, y eso me impactó. Cuando decidí que quería estudiar fotografía artística no me pusieron inconvenientes. La verdad es que en ese aspecto he tenido unos padres que siempre me han dicho que haga lo que quiera hacer, lo que me guste, pero que no pierda el tiempo.
-¿No cree que, con la que está cayendo, apostar por el revelado tradicional y la fotografía analógica es poco rentable?
-Bueno yo no le tengo fobia al digital, y también trabajo en ese formato, pero los carretes y el revelado me aportan una satisfacción especial, aunque cada vez es más difícil conseguir el material, incluyendo los líquidos para el revelado.
-¿Cómo se plantea el futuro?
-Está muy difícil ahora mismo montar algo propio en este sector. A mi me gusta el arte pero obviamente si me encierro en un laboratorio para crear por mi cuenta posiblemente no tenga el sustento para comer.
-¿Comparte el pesimismo generalizado sobre las escasas posibilidades de su generación?
-Aunque uno sea optimista, como creo que es mi caso, tengo que reconocer que lo veo bastante mal. Espero que salgamos adelante y que en pocos años los políticos, sean los que sean los que estén en el gobierno, sean capaces de poner medidas para arreglar esto. Yo comparto el sentimiento de decepción hacia los políticos. Luego está el problema de que la educación se basa mucho en la especialización, y eso está bien porque te obliga a ser competitivo y ayuda a avanzar al mundo; pero antes la gente no era especialista en nada, hacía de todo y tenía más donde escoger.
-¿Usted dónde cree que encontrará ese sustento?
-Pues posiblemente el sector de la moda, o incluso en el del cine, que es un campo que me atrae, trabajando en la parte de fotografía de una película. Pero no tengo pensado quedarme en España. Primero porque aquí ahora está muy complicado, pero también porque lo que quiero es moverme, viajar, poder fotografiar culturas diferentes y sobre todo a la gente en su vida cotidiana. Si encontrase un trabajo que me permitiese eso, sin ser el de reportero de guerra, que no me veo yo tan arriesgado, sería mi ideal de vida.
-¿No se identifica entonces con la tendencia de quedarse lo más cerca de casa?
-Como gallego tengo claro que voy a sentir morriña siempre, pero quedarse en un sitio y no conocer más mundo, es estancarse. Si una persona quiere desarrollarse tanto cultural, como física e intelectualmente, hay que conocer otras perspectivas y ver cómo viven otras personas en el mundo. Y no me refiero solo a irse a mucha distancia. Solo salir a Castilla y León, que queda al lado, y relacionarse con la gente, ves que tanto la forma de ser de la gente como el entorno es diferente y eso sirve para renovar las ideas.