Yiyita, mar de Combarro


Se fue para el mundo de la nada. No se quería ir. Tenía un futuro con ojos de luz y cariño. La vida fue un susurro de felicidad y alegría compartida. La nada se adueñó de su mirada azul e hizo silencios con las sonrisas de sus nietos.

La algarabía y la fiesta enmudecieron y sus hijos lamen las lágrimas de la llorada ausencia. ¿Qué les digo? ¡Cuánta felicidad rota! ¡Cuánta vida sustraída sin permiso de sus dueños! Yiyita ya no está. Ya no es. Nada.

Brotan en el recuerdo puñaladas de alegría, el desasosiego del no ser. ¡Adiós carabel! Amor siempre. Dice Sara que eres la estrella del firmamento que más brilla al amanecer. Martiño lo sabe y sufre la verdad, única, de los 15 años. Tomé te añora, te llora desde dentro y Mateo dibujó para ti un cielo con muchos soles.

Cuando te despertabas, preguntabas por mí. No podía darte lo que era tu vida. Solo la verdad, marchita, edulcorada en una mentira compartida. Un viaje fugaz, cortísimo, hacia la nada sin fin. Los suspiros, las risas, ¿por qué el azar los hizo viento, olas, mar?

Pero tú, querida y añorada por siempre Yiyita, serás arena de la playa, oro, espuma, en la belleza plástica de los bañistas. Serás fuente de vida. Serás mar de Combarro mientras tu vida sea nuestro recuerdo que será siempre. Bujalance, Córdoba... Comiste el trigo de la añoranza amasado en dosis de saudade ourensana.

Polvo enamorado, dormiremos juntos el mañana.

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