este 2011 le quedan unos cuantos telediarios y las doce uvas. Vamos a tomar aire: se va el año en el que superamos los 28.000 parados, nos cayó el ladrillo en la cabeza, ganamos una hebilla más en el cinturón de paso que lo apretábamos por la crisis, contabilizamos los incendios por decenas (y enterramos a un piloto de las brigadas), nos encogieron el corazón algunos sucesos o decisiones judiciales, reparamos en que la Diputación padece síntomas de asfixia económica, que el Festival de Cine corre peligro, que Expourense se tiene que arreglar con menos, que la población sigue envejeciendo y que los jóvenes siguen emigrando cada vez más, o que ni el baloncesto ni el fútbol nos han quitado pena alguna. Pero también de este 2011 hemos visto la botella medio llena: Ha llegado el AVE (aunque en versión regional), hemos tenido en las denominaciones de origen la cosecha del siglo, hemos visto como algunas empresas han demostrado un corazón fuerte, a prueba de infartos económicos; el termalismo ha seguido demostrando que es un bebé al que hay que cuidar, pero que dará grandes satisfacciones. Hemos concluido, pues, un año lleno de claroscuros, a los que habrá que sumar las circunstancias personales de cada uno. Seguro que el 2011 se parece bastante a otros ya pretéritos y tal vez semejante al que vendrá con otro 1 de enero. Por lo tanto, recurramos a la muletilla de cada año por estas fechas: ¡Feliz Año! Cuando entre, ya pondremos la mejilla para que nos la besen o nos la partan.