ada día es más necesario un experto en economía en cada casa. Los sueldos, en el caso de ser uno de los afortunados que todavía mantiene un empleo, se mantienen cuando no bajan. Ya no solo en la empresa privada, si no también en la administración pública. Sin embargo, las cuentas no salen porque mientras se produce un estancamiento o descenso de los ingresos, la vida está cada día más cara. La cesta de la compra se dispara y los productos de primera necesidad se convierten, para muchos ourensanos, en material de lujo.
La administración local, mientras tanto, parece ajena a este escenario. El gobierno supuestamente progresista (PSOE y BNG) mantiene una amplia plantilla de concejales a sueldo y personal de confianza con salarios muy por encima de la media. Ni tan siquiera han querido tener un guiño en la aprobación de los impuestos municipales. Lejos quedan ya los años en que se había congelado su incremento. Ahora aplican a rajatabla el IPC sin pararse a pensar en que esta decisión será una gota más que ahogará el vaso de la economía doméstica. Y es que de un tiempo a esta parte, las decisiones del gobierno municipal siempre apuntan a los demás. Sus medidas para recortar pasan por subir impuestos, recortar las ayudas sociales a los funcionarios... ¿Cuándo meterán la tijera en sus gabinetes y equipos? ¿Y en los coches oficiales? ¿Qué tal empezar por reducir el gasto en sus móviles? De eso, de momento nada.
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