speramos que los aeropuertos, los trenes super veloces o la tecnología más avanzada nos salven de la precariedad y nos conduzcan hacia una especie de Eldorado, aquella maravillosa ciudad con la que se topaba Cándido en el cuento de Voltaire, en la que todo era lujo y piedras preciosas, poblada de habitantes que vivían sin preocupaciones.
Sin duda es una comparación exagerada pero quizás convenga dar un repaso a la grandeza de las expectativas que depositamos en infraestructuras como el AVE, esperando que su puesta en marcha termine por empujarnos hacia el futuro prometedor que hasta ahora no hemos podido disfrutar.
Acabamos de saber que el aeropuerto de Ciudad Real ya no tiene vuelos comerciales. Hace menos de tres años se presentó como un ambicioso proyecto que serviría para hacer «despegar» los sueños de los 72.000 habitantes de una capital en cuya provincia, por aquel entonces, ya habían sido bendecidos con el tren de alta velocidad.
Resultó que al final los sueños se estrellaron y ahora el aeropuerto, que tiene una de las pistas de aterrizaje más largas de toda Europa, ya no podrá ser utilizado por esos ciudadanos porque por mucha ambición que se pusiera, y mucho dinero, resultó que no había viajeros. Eldorado nunca apareció.
Por ello quizás sea el momento de pensar más en enriquecer el empleo, la población, el tejido empresarial y la enseñanza. No vaya ser que cuando por fin llegue el AVE, no haya nadie para subirse.