Acaba de ganar el premio Gómez Román de rehabilitación
24 oct 2011 . Actualizado a las 06:00 h.La mezcla de sangre alemana y gallega no es un problema para Estefanía, que parece haber logrado el equilibrio perfecto entre su parte reflexiva y sosegada germana con la vena pasional que le llega por vía paterna. Quizá por ello, tuvo claro desde niña que la arquitectura -a la que también se dedica su padre- era el camino que le permitía unir su predisposición científica con su pasión creativa. Su firma acaba de recibir el premio Gómez Román de la Asociación Setestrelo en la categoría de Edificaciones Tradicionales Rehabilitadas por un proyecto en el casco viejo de la capital, pero ya antes la empresa tiene con su pareja ganó el concurso para el nuevo edificio del Instituto Galego de Vivenda e Solo en Ourense.
-Dos premios en apenas cuatro años de profesión no es un mal comienzo.
-La verdad es que los premios o ganar concursos te ayudan a tener un nombre y a hacer currículo, pero esta profesión es mucho más que premios y ahora mismo con la crisis, tanto en obra pública como en privada, hay mucho menos campo. Pero todo tiene su lado positivo.
-¿Cuál?
-Yo creo que una de las cosas para las que sirvió la crisis es para terminar con el todo. Yo creo que la arquitectura tiene que ser respetuosa con el entorno y comprometida con el territorio, y en la época de bonanza se han hecho cosas que responden más al afán por edificaciones faraónicas.
-¿Es más fácil trabajar para la administración o para los particulares?
-En general es más cómodo el proyecto para la administración, aunque sea más complejo de diseñar y ejecutar. En el ámbito privado siempre entran en liza otras cuestiones, no sólo por la mayor limitación económica, sino también por el hecho de que tienes que hacer coincidir el gusto personal del promotor y lo que tu opinas que tiene que ser el proyecto. Normalmente son casas y no puedes imponer a alguien un lugar donde vivir que no le haga sentirse cómodo.
-¿Y como sienta a un arquitecta joven esa tendencia de la administración de hacer concursos invitando a famosos?
-Yo entiendo que pueden pensar que alguien que ya tiene una trayectoria tiene también el aval de que va a ser capaz de resolver con más garantías y si hacen un concurso abierto les puede aparecer alguien como yo de quien no conocen casi nada, pero creo que para eso están también los jurados que si son técnicos tienen que ser capaces de valorar si el proyecto sirve.
-Su estudio comparte espacio con el de su padre. ¿Le gusta estar rodeada de los suyos?
-Soy bastante casera pero lo que pesó en realidad es la necesidad. Cuando estás empezando es impensable montar un local por tu cuenta y pagar un alquiler. La ventaja de estar con mi padre es que nos da la oportunidad de colaborar en proyectos y compartirlos.
-Con la fama de raritos que tienen los arquitectos, ¿cómo se convive con otros dos de la misma especie?
-En parte la fama nos la tenemos merecida, porque somos un poco obsesionados por nuestra profesión, pero yo soy una persona muy tranquila (ríe). En serio: no voy a decir que a veces no choque, sobre todo con mi padre porque, por edad o por criterio nunca tienes exactamente la misma visión y las mismas ideas. Pero creo que le pasa a cualquiera que tenga la misma profesión que sus padres.
Nació en Hamburgo (Alemania) en 1979. Es arquitecta por la Universidad de A Coruña (2007) y tiene el posgrado en Estructuras de Edificación y un máster en Rehabilitación Arquitectónica.
Pasear con su perra Pepa le relaja y es uno de sus maneras preferidas de pasar el tiempo libre, que también reserva para quedar con sus amigos, preferiblemente en torno a una comida o cena. Viajar es otra de sus aficiones preferidas.