El turismo religioso es la rama del sector turístico movido por la fe religiosa, y, por tanto, merecedor de la mayor consideración dada su altura de miras. Según los últimos datos, en el mundo practican este tipo de turismo cada año entre 220 y 250 millones de personas. De ellas entre un sesenta o setenta por ciento son cristianas.
Y hay ciudades que realmente deben mucho a ese importante turismo: en concreto, Jerusalén, Roma y Santiago de Compostela - en esta última es bien conocida la importancia económica de los visitantes-, todas ellas en relación con el turismo religioso cristiano; y la Meca, por el turismo religioso islámico. Pues bien, la Jornada Mundial de la Juventud (JMJ), creada por el Beato Juan Pablo II en 1984, llevaba ya reunidos en sus anteriores veinticinco ediciones un total de diecisiete millones de jóvenes, de los que 400.000 corresponden a la edición que se celebró en Santiago de Compostela.
Este periódico publicó el pasado jueves, día 18 de agosto, un artículo titulado: «La JMJ impulsó el lleno en los hoteles». Se refería a Ourense capital y a los «más de 400 jóvenes que visitaron la ciudad entre el 12 y el 15 de agosto con motivo de la Jornada Mundial de la Juventud».