C
uando trabajas contando cosas es habitual que te digan sobre qué tienes que escribir. También que pretendan decirte qué, cómo, cuándo y hasta por qué. Mientras esto último resulta especialmente molesto lo primero no deja de ser una contribución a la causa: una fuente de inspiración (y de información) y una forma de ver las cosas desde otra perspectiva. Al mismo tiempo, te sirve para hacer tu propio estudio demoscópico. Callejero y casi doméstico pero no por ello menos válido para saber qué le preocupa a quienes te rodean, que en una ciudad como Ourense viene siendo prácticamente todo el mundo.
En mi top ten de inquietudes urbanas está el asfaltado (el no asfaltado, en realidad) de la calle Concejo. Me acuerdo de todos aquellos que me transmiten sus quejas -y también de alguien más- cada vez que tengo que pasar en coche por allí. Porque esa calle no la recorres... ¡esa calle la atraviesas como puedes!
Luego están las sugerencias más particulares, las que entiendes pero no tienen traslado a los titulares.
Lo curioso es que, por muy devaluada que esté la profesión y por mucho que haya demasiada gente diciéndonos cómo tenemos que ejercerla, son muchos los ciudadanos que confían en el papel (también en otros formatos, como Kiosko y Más, la plataforma a través de la que La Voz llega al iPad) para que los problemas de su ciudad se solucionen. No deja de ser curioso. Y nosotros no debemos dejar de contarlos.