No confundamos

José Pérez Domínguez

OURENSE

Antonio Fernández Blanco reconsideró su postura y renunció al acta de edil en A Gudiña. Antes de apostar por la política sabía lo que iba a sucederle. Fue mimado, si lo comparamos con otros sacerdotes, compañeros suyos (Seminario, parroquias, clases de religión?). Y sigue siendo apreciado y querido. La Iglesia no es un partido político, no se mueve por «vendettas» ni coacciones externas, no busca medrar ni hacer daño en sus decisiones sino esclarecer con la luz, recibida de Cristo, situaciones concretas. Lo entienden muchos de los que trataron el tema. No así otros que prefieren confundir a sus lectores mezclando medias verdades con falsedades. Ya pasó la teología de la liberación, de los cristianos para el socialismo, de la jerarquía inquisidora, del evangelismo frente a la norma canónica. Una sana secularización exige no interferencia de credos y políticas. ¡Qué pena que algunos acudan a los derechos constitucionales para negar la evidencia! La Iglesia no es lo que ustedes dicen o desean. En su doctrina social y en el catecismo está lo que cree, celebra, vive y ora. ¿Qué va a pasar ahora con don Antonio? «Enviarlo a galeras». Por favor, no. La Iglesia es madre misericordiosa. ¿Que no lo creen? ¡Don Antonio sabe que ésta es su casa!