Dios ha muerto

José Pérez Domínguez

OURENSE

En el monte Calvario Jesucristo entrega su vida por la salvación de todos. «Hay que matar al Dios de los cristianos», decían los filósofos de la sospecha. «Es un estorbo» para el crecimiento y desarrollo del ser humano. Su existencia no es compatible con la dicha y la felicidad de los hombres y de las mujeres. Dios, abajo; la persona humana, arriba. ¡Cuánta es la ignorancia en el mundo! ¡Qué desagradecidos somos los seres humanos! Hace dos mil años que el mismo Dios, por amor, se abajó y se hizo uno de nosotros, para que nosotros pudiésemos ascender y ser hijos de Dios. Cristo, obediente al Padre, ha muerto en la cruz por la salvación de todos. En la tarde de Calvario Jesús expira, perdonando y prometiendo la salvación: «Perdónales.., hoy estarás conmigo en el paraíso». Pero hoy, como ayer, Cristo sigue siendo condenado a muerte, en Haití, en Libia, en Yemen, en Sudán, en Egipto, en la India, en Indonesia, en Java; allí donde un ser humano es despreciado y maltratado por su religión, por su cultura, por su raza, Cristo sufre y muere. Como en la tarde del Calvario, hoy se impone un largo y frío silencio de reflexión, de condena, de oración, de compromiso. Hoy, la cruz de Jesús es el centro de todo. Con dolor nos acercamos a Él y afirmamos nuestra fe en Él. Porque de la cruz de Jesús, de su amor inmenso, brota la Vida inagotable para toda la humanidad.