La avalancha

OURENSE

res meses, que realmente ya son menos de cien días, es lo que queda para la cita con las urnas. Prepárese el lector para la avalancha, para interpretar y discriminar lo que es pura propaganda y lo que es ejercicio responsable del poder o de la oposición. Piense, por ejemplo, qué cosas deberían estar hechas y cuáles se van a presentar ahora, apresuradamente o con medido estudio de los tiempos para hacerlas coincidir con el momento que presumen más rentable. Reflexione cuánto hay de gestión, puro malabarismo, simple despecho o cruda frustración. La partida de pimpón a cuenta del AVE, por ejemplo, del consorcio a los plazos, el soterramiento, la permeabilidad, los desniveles o los agravios comparativos, se ha convertido en un espectáculo. Que nos estemos distinguiendo por no haber sido capaces de alcanzar un acuerdo de mínimos, como les gusta decir, resulta penoso. Pero ahí siguen, firmes en sus posiciones, sin ceder ni un milímetro, ajenos al hartazgo y la (casi) desesperación que producen cuando se les ve en sus peloteras desde posiciones más o menos neutrales, desde lugares donde no tiene cabida esa fe ciega que gustosos abrazan tirios y troyanos. Unos se atribuyen poco menos que la invención del tren; los otros se resisten a quedar al margen.

Los más, mientras, estupefactos con el espectáculo. Y desconfiados, claro; qué nos queda, si no, viendo a los condenados alcaldes de Punxín y Melón, sabiendo como saben que les queda un telediario, sin un solo gesto de generosidad, o de dignidad.

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