Las banderas del BNG

Antonio Nespereira

OURENSE

a se sabe que las huelgas generales tienen algo de reivindicativo y mucho de excesivo. El debate es eterno: la libertad para secundarlas debería ser equiparable a la del trabajo, pero casi nunca ocurre así. Los piquetes, a veces meros agitadores, representan papeles que casi nadie le pide y, prefiero pensar, tampoco los dirigentes sindicales, aunque tengo serias dudas. Quedará para otro momento si los sindicatos tienen que valerse de muchachos embozados, cubiertos con la palestina, para persuadir a la población a base de voltear sillas o exigir que un local baje la persiana bajo el convincente argumento de «¡hai que pechar!». Coincidiendo con la movilización del 27 de enero, varios chavales actuaban como piquetes enarbolando la bandera de Galicia con la estrella roja de cinco puntas, imagen asociada a la simbología del BNG. Dirigentes de este partido, empezando por la candidata a la alcaldía de Ourense y acabando por uno de los concejales de este partido (por cierto puño en alto), participaron en la manifestación. Están en su derecho. Faltaría más. Como lo están los ciudadanos en asimilar las revueltas, las tensiones, las algaradas y los improperios de estos chicos a la militancia del Bloque. A cuatro meses de las elecciones, ¿es esta la imagen que quiere trasladar a la sociedad la formación frentista? ¿Pedirán el voto envueltos en una palestina? ¿Abordarán al ciudadano al grito de «!hai que votarme». ¿Hay un BNG con careta? Parece que sí.

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