Hábil como pocos; escurridizo como una anguila; políticamente un zorro de mucho cuidado; en el momento oportuno defiende a capa y espada lo que desde hace ya mucho tiempo piden los ciudadanos de a pie: «Un político, un cargo». Para ello no se para en barras y se enfrenta a la mitad de los suyos, seguro él de que al final, como así ha sido, resultaría triunfador. Lo conocí hace ya muchos años cuando él presidía al Arenteiro y quiso fichar para su equipo a Ney, un buen amigo mío que jugaba al fútbol como los ángeles. Después, tuve la oportunidad de tratarlo cuando, tras su paso por el CDS de mis también buenos amigos Mosquera Bacariza y el ya difunto Eulogio Gavela, accedió a la alcaldía de O Carballiño como cabeza de lista por el PSOE; enseguida percibí que la alcaldía de su villa le quedaba pequeña y que escalaría rápidamente peldaños dentro de su partido. Me recuerda a otros dos políticos ourensanos a los que, aunque no ha llegado a su altura, intenta parecerse; uno el ínclito Pío Cabanillas que acuñó para la historia aquella célebre frase de «todavía no sé quiénes vamos a ganar», y otro, el inigualable José Luis Baltar, el más hábil de los tres, que ha hecho de la proximidad su bandera y sería capaz de vender neveras a los esquimales en el Polo Norte.