Este domingo el AVE unirá Madrid con Valencia y, de paso, las ciudades de Albacete (165.000 habitantes) y Cuenca (56.000) estarán a un suspiro de la capital de España. Los líderes políticos y sociales de ambas urbes manchegas llevan años esperando por la infraestructura y trabajando conjuntamente por una estrategia de desarrollo que permita que haya un antes y un después de la llegada de la alta velocidad ferroviaria. Para Albacete se ha previsto un centro de control del AVE del Mediterráneo, con capacidad para crear 400 empleos directos y gestionar un puerto seco de mercancías que le conferirá un plus de progreso y riqueza. Cuenca, por su parte, basándose en que es una ciudad Patrimonio de la Humanidad, pretende captar hasta un 20% más de turistas gracias a la rapidez y comodidad de las nuevas comunicaciones. Teruel (sí, sí, Teruel) se moviliza por no quedarse fuera del futuro y pone a pingar a sus representantes por no conseguir más inversiones de las diferentes administraciones. Madrid, por fin, cuenta con una terminal del AVE en Atocha envidia de toda Europa que evidencia la unidad de acción entre el Ayuntamiento (PP), la Comunidad (también del PP) y Fomento (PSOE, como saben), que han dejado para otro día sus picaditas políticas y apuestan por un camino común felicitándose mutuamente aunque sean de partidos rivales. ¿Y Ourense (108.000 habitantes)? En el mejor de los casos tendrá AVE con Madrid 25 años después que Andalucía, sus líderes se acusan de hacer seguidismo o que se pliegan a órdenes de partido que se toman fuera de la provincia, se discute aún si la estación debe quedar soterrada o si debe ir en superficie, se organizan jornadas para tener un titular de periódico, y así sucesivamente. ¿Qué venderá Ourense el día de mañana? ¿Cuántos trenes pararán en la capital y cuántos seguirán de largo? ¿Cuándo pararán, los que paren? Vamos parando, al menos por hoy.