Un accidente de tráfico conmocionó ayer al corazón del centro neurálgico de Ourense. Porque aunque Ourense sea una capital y su centro sea paso obligado de muchos visitantes, aún guarda rincones en los que el trato casi familiar es posible. Y la cafetería Sil, en la que se empotró un vehículo dejando tres heridos, es uno de esos lugares. Un establecimiento en el que Martina, Javier o Sandra te saludan por tu nombre cuando entras por la puerta. Un establecimiento en el que se echa en falta al cliente que no acude a su hora habitual y en el que ayer compartían desayuno al filo de las nueve de la mañana un buen número de esos habituales. Todos notaron que el suelo parecía abrirse bajo sus pies. Quizá por esa cercanía, tanto la dueña como los trabajadores vivieron toda la jornada en un manojo de nervios, no por el destrozo, sino por los heridos y por lo que se libraron por minutos. «Minutos antes estábamos llenos, hubiese sido un desastre», repetían mientras atendían amablemente a los medios de comunicación que se acercaron a cubrir la noticia, incluidas la gran mayoría de televisiones estatales. Todo quedó en un susto pero pudo acabar en tragedia.