Libres para estar donde les plazca

Antonio Nespereira

OURENSE

Miren las fotos de esta página. Vale cualquier opinión sobre lo que representan. Respeto a los creyentes y a los agnósticos, a los futboleros y a los que les trae al fresco lo de los veintidós tíos detrás de un balón, a los que le gusta el jazz y a los que vibran con el cedé que compran en la gasolinera. Los territorios morales son individuales y depende de cada uno tenerlos en una finca vallada o franquearlos de par en par.

No me sorprendió ver como desde un edificio de la avenida de la Habana se tiraban a medianoche calderos de agua sobre la muchedumbre para regocijo de los que se empapaban y pedían más. Tampoco ver como personas de traje y corbata de lunes a viernes tiraban fuegos de artificio en la explanada del Palacio de Justicia envueltos en banderas españolas. No me espantó ver como decenas de chavales se encaramaban a la fuente de Concepción Arenal destrozando las plantas del entorno porque las zonas verdes a veces sufren el paso de los atilas . No me escandalizó ver bolsas de plástico para el botellón porque cada fin de semana quedan cientos tiradas por cualquier parque. El personal se tomó con naturalidad como en la calle Concejo olían los petas de una pandilla porque para observar tal estampa no hace falta que España gane el Mundial.

Tampoco supone novedad ver a la gente envuelta en banderas porque las vemos de todos los colores en actos políticos o sindicales. Eso sí, un mohín de sonrisa se escapa al ver a declarados republicanos paseando por Concepción Arenal entre las enseñas bicolor sin que le salga un herpes. No debiera, entonces, dar para muchas sesudas reflexiones, sobre todo nacionalistas (ya sea nacionalismo español o de cualquier Comunidad). El domingo, un equipo ganó y la gente se divirtió, también en Ourense. Pero me vale otra, la suya. A fin de cuentas, usted sabe por qué estuvo allí o prefirió quedar en casa. Es libre.