Una saga con las manos en la masa

Rubén Nóvoa Pérez
Rubén Nóvoa OURENSE/LA VOZ.

OURENSE

Padre e hijo elaboran cada día en la parroquia de Seixalbo 400 barras y 200 piezas artesanas en un negocio que abrió sus puertas hace ya más de un siglo

04 jul 2010 . Actualizado a las 02:00 h.

El pan artesanal en Seixalbo tiene un lugar de referencia desde hace ya más de un siglo: Panadería Roberto. El negocio que a día de hoy regenta Roberto González Sánchez, acompañado por su hijo Roberto González Izquierdo, fue abierto por su abuelo, al que toma el relevo su padre. Vistos los antecedentes, no era difícil imaginar quienes serían los siguientes en la línea sucesoria.

A sus sesenta años, el padre asegura que se crió en el horno familiar. Después de una breve aventura futbolera en Extremadura volvió a casa. «No era ningún Cristiano Ronaldo, así que tuve que volver y comencé a trabajar en el negocio familiar», indicó Roberto González Sánchez. El inicio de su hijo en el horno tradicional fue similar. «A los 17 años dejé de estudiar y empecé a trabajar en el horno. Primero fue por comodidad, pero después le vas cogiendo cariño», explica el pequeño de la saga familiar de panaderos de Seixalbo.

Padre e hijo también se ponen de acuerdo en afirmar que lo más duro de su profesión es el horario, que les obliga a andar todo el día con el pie cambiado con el resto de la gente. Su jornada laboral comienza a las cuatro de la mañana. Durante las cinco horas siguientes, y acompañados de la inseparable radio que les ayuda a combatir el sueño, ambos elaboran hombro con hombro todo el pan necesario de la jornada. Una vez finalizado, y previo paso por la ducha para sofocar los efectos del elevado calor que desprenden los hornos, se lanzan cada uno en una furgoneta al reparto, que se prolonga hasta la una del mediodía por toda la zona urbana de Ourense. «Lo peor es el horario, aunque al final te acostumbras como a todo», explican padre e hijo sin dudar.

Desde el pequeño horno tradicional ubicado en la urbanización Penouzos de Seixalbo sale cada día una producción aproximada de cuatrocientas barras y unas doscientas piezas de pan. También elaboran repostería y empanadas por encargo. «Una panadería hace ya tiempo que no puede vivir solo de elaborar pan, tienes que ofrecer al cliente más cosas para fidelizarlo», explicó Roberto González Sánchez.

Competencia

El sector ha cambiado mucho desde que abrió sus puertas el negocio familiar hace ya más de un siglo, especialmente la competencia. El gesto se le tuerce al padre cuando se le pregunta por el pan prefabricado que se vende en supermercados, gasolineras o tiendas de 24 horas: «Estamos perdiendo la panadería artesanal, porque la Administración exige mucho al panadero artesanal y nada al que hace pan prefabricado. A nosotros nos ponen todo tipo de trabas y luego ves que hay gente que vende pan en cualquier condición y en cualquier sitio».

Ante esta situación, Roberto González Sánchez pide mayor protección de las instituciones públicas al pan gallego: «La mayoría del pan que se elabora en Galicia se vende fuera, porque es un producto de calidad muy demandado, y a veces parece que se protege más lo que llega de fuera que lo nuestro».

Los secretos

A pie de furgoneta, y a primera hora de la mañana, padre e hijo inician el reparto. Antes de que partan una última pregunta sobre los secretos que se esconden detrás de sus productos artesanos: «Hay muchos secretos pero no te los voy a decir, aunque el principal es dedicarle esfuerzo y tiempo».