Este lunes se jugó el partido España-Honduras y la mayor parte de los ourensanos lo siguieron a través de la televisión en sus casas o en los bares. La Roja, sin embargo, provoca urticaria a los nacionalistas y, mientras el balón rodaba, en la sede del BNG de la calle Concordia se ventilaba el futuro del gobierno municipal. El consello local del Bloque, es decir, una veintena de personas, decidían quién debe ser el teniente de alcalde del Concello de Ourense. El candidato a la alcaldía de los nacionalistas había sido elegido unos días antes en una asamblea con la asistencia de 250 militantes.
Estamos en manos de unos pocos y eso es algo que en política queda claro en demasiadas ocasiones. En Ourense estamos acostumbrados a las designaciones digitales de José Luis Baltar y, por eso, no sorprende que su hijo mantenga esa costumbre aunque la intente maquillar con congresos locales sobre los que planea la acusación de amaño. Él, y sólo él, es el que decidió quien optará a la alcaldía ourensana bajo las siglas del Partido Popular sin importarle el apoyo masivo de la militancia al actual portavoz municipal de la formación ni el resultado de encuestas internas que apostaban también por su continuidad.
Pero si José Manuel Baltar puede tomar esas decisiones es porque la militancia del PP lo prefirió a él como presidente provincial. En la capital, él tiene que rendir cuentas ante poco más de 4.000 afiliados, mientras que PSOE y BNG rondan el medio millar. Solo un 4,95% de los ourensanos milita en alguno de los tres grandes partidos y son ellos los que deciden el futuro político de esta provincia. Sin embargo, los dirigentes deben tener en cuenta que sus decisiones afectan a toda la ciudadanía. Cuando esto ocurra, la provincia habrá dado un paso en la buena dirección aunque los políticos parecen más preocupados de sus disputas internas que de los problemas de los ourensanos.