Una viaje de la Casa de Ourense en Buenos Aires facilita que Irene Montagut Pérez conociese la aldea de su madre
10 jun 2010 . Actualizado a las 02:00 h.Un grupo de cuarenta y cinco personas disfruta desde el pasado 28 de mayo de unas entrañables y peculiares vacaciones en tierras ourensanas. Y es que se trata de gallegos en la diáspora, residentes habitualmente en Argentina, Uruguay y Venezuela.
Su estancia, hasta el próximo lunes, en la capital de As Burgas se debe a un viaje organizado por la Casa de Ourense en Buenos Aires, que preside Alfredo Enríquez, y que quiere dejar bien claro, que el viaje lo abonan íntegramente cada uno de los miembros de la expedición de su propio bolsillo, sin ayudas de ningún organismo.
Un viaje, el segundo que la Casa de Ourense en tierras argentinas realiza a Galicia aunque ya está previsto otro en septiembre, que se concreta para conmemorar el Año Santo y para difundir en su lugar de residencia «la cultura gallega y sobre todo para dar la oportunidad a muchos de ellos de conocer su tierra o de poder volver a verla», aclara Alfredo Enríquez.
Objetivo cumplido al lograr con estos desplazamientos que una mujer de 80 años conociese a su hermana de 87 en Barra de Miño, con la que solo mantenía contacto por carta o que otras muchas pudiesen hacer realidad el reencuentro con sus raíces y sus orígenes gallegos.
En esta situación se encuentra Irene Alicia Montagut Pérez, hija de un valenciano y de una carballiñesa de Banga, que gracias a esta iniciativa pudo conocer sus raíces esta semana.
Estar en Galicia, reconoce, es suficientemente emotivo para ella, pero al llegar a Sagra, la parroquia de O Carballiño en la que nació su madre en 1902 y la mayor parte de su familia materna esa emoción se desborda. Su madre, su abuelo sastre que emigró a Argentina sin que sepa muy bien por qué, la preocupación que vivieron durante los duros años de la Guerra Civil por el bienestar de los suyos en Galicia y los últimos recuerdos de su abuela y de su tía Erundina se agolpan en la mente de Irene Montagut, nerviosa por plasmar en su cámara todo lo que ve por primera vez, pero que también es parte suya.
Acompañada de su consuegra Margarita recorrió la aldea y se desplazó hasta Sagra, donde tuvo la ocasión de conocer al párroco Francisco Lovelle y recibir una clase magistral sobre la iglesia en la que se bautizó su madre. Con pocas reseñas más que las de sus recuerdos se llevará este lunes a Argentina las imágenes que les dan forma para transmitirlas a sus cinco hijos y nueve nietos con el orgullo de tener sangre gallega.