Distintos modos lucen en el día a día. Enzarzados los nacionalistas en una cruda batalla por la elección del candidato a la alcaldía, con algún que otro golpe directamente bajo, los socialistas se aferran al buen rollito y al pajaritos pío pío. A cuenta de una pregunta del senador del BNG Xosé Manuel Pérez Bouza sobre las obras en San Francisco, han vuelto a poner en marcha el ambientador. Qué ejemplo, la ministra de Cultura, con lo bien que hubiera podido quedar, todo indefinición y vaguedades en sus respuestas a quien le estaba poniendo en bandeja la posibilidad de asumir compromisos en serio. Pero cómo luce en la transcripción de sus palabras la cita al «alcalde de esa capital, don Francisco Rodríguez, porque su empeño inteligente ha sido decisivo para que Orense (sic) logre tener la biblioteca y el archivo que merece». Es justo que la señora ministra se acuerde, pues, a fin de cuentas, aquí hacen la ola cada vez que en algún ministerio se mueve un papel. Que fuese el regidor de Ourense quien ayer anunció que hoy se reunirá la mesa de contratación para adjudicar el concurso correspondiente a la redacción del proyecto final, cuando la ministra pudo haberlo hecho el martes en el Senado, es un detallazo. Que se luzca el alcalde, que lo rentabilizará más, que Ourense cae un poco lejos, habrán pensado sus expertos en comunicación.
Mientras, en un plano más prosaico, los populares recurren a las pesetas para hacer más legible su discurso del despilfarro de fondos públicos en la capital. Es que te despistas un momento y retroceden en el tiempo, sin darse cuenta de que, a poco que se esfuercen, acaban contando en céntimos, en reales, o hasta en sestercios. Que ahora vengan a resaltar en pesetas lo que costó una obra, no vaya a ser que no nos enteremos si nos lo dicen en euros, suena raro, más que didáctico, si no burdo: claro que abultan más 250 millones de pesetas que 1,5 millones de euros. Es el pasado.
Todos van a su bola. Colocan el rollo y quedan tan panchos.