Mario Conde es agasajado por público y autoridades en la presentación de un libro en el que relata su estancia en la cárcel por cometer estafa y apropiación indebida
06 jun 2010 . Actualizado a las 02:00 h.El ex presidente de Banesto, juzgado y condenado por delitos de estafa y apropiación indebida, es toda una estrella en Ourense. Aquí Mario Conde ha encontrado cobijo de vecinos y autoridades y ayer descartó su visita a otras ferias del libro para atender la invitación de los organizadores de la que se celebra en la capital ourensana. El presidente de la Diputación ourensana, José Luis Baltar, o el de la Confederación de Empresarios de Ourense (CEO), Francisco Rodríguez, así como decenas de ourensanos anónimos, se acercaron a la Alameda para asistir a la presentación del libro Memorias de un preso. En él, Conde relata sus experiencias en la cárcel y ayer hizo un pequeño repaso de esta etapa de su vida ante el numeroso público que se reunió para escucharlo.
El ex presidiario se mostró muy desenvuelto en el contacto con los ourensanos y se permitió dar algunas lecciones de moralidad y de política. Dijo, por ejemplo, que la cárcel está llena de traficantes porque la ciudadanía consume drogas y de delincuentes sexuales que pueden ver contenidos pornográficos en la televisión de su celda. «Esta es una sociedad cínica», dijo Mario Conde, que no aclaró si también los delitos que él cometió fueron causados por esa inercia social llena de doble moralidad.
Añadió, no obstante, que «de todo se sale» y que transmitir esa idea a los lectores es el principal objetivo de su libro. Él, a juzgar por las decenas de personas que se arremolinaron en torno a su mesa para que les firmara un ejemplar, ha salido del pozo. Su reinserción social, ahora en su tranquila casa de Chaguazoso y con los ingresos de sus superventas literarios, ha sido sin duda más sencilla que la de la mayor parte de delincuentes con los que compartía prisión. Mientras ellos tienen que ocultar su condición de ex presidiarios para evitar el rechazo social, él recibe el cariño de muchos por contar sus anécdotas carcelarias. «Es usted un ejemplo», le decía ayer una mujer.