Escuela de nuevos granjeros

OURENSE

Cinco granjas ecológicas de la provincia participan en una red mundial (Wwoof) que recibe a voluntarios que colaboran en las labores a cambio de manutención

02 may 2010 . Actualizado a las 02:00 h.

Trabajo a cambio de sustento. Algo tan primario es la base de Wwoof (world wide opportunities on organic farms, que traducido podría ser red oportunidades alrededor del mundo en granjas ecológicas), una red nacida nacida en Inglaterra que se ha extendido a todo el globo y de la que forman parte cinco explotaciones de la provincia. Consiste, a grandes rasgos, en que uno colabora con las labores diarias y, en compensación, recibe alojamiento con pensión completa, en lo que puede describirse como una actividad a medio camino entre el turismo y el aprendizaje.

Una de las pioneras en la provincia es Ammehula, la granja que los holandeses Margo Pool y Martin Verfondern (este último protagonista de numerosos titulares tras su desaparición el pasado 19 de enero) crearon en la pequeña aldea petinesa de Santoalla hace ya más de una década. Y todavía siguen llegando. «Ellos me ayudan mucho, en el trabajo, y también a mantener la mente ocupada», confiesa Pool en el balcón de su casa, donde espera alguna noticia sobre el paradero de su marido.

El trabajo al que se refiere es una cabaña de más de 100 cabras, que engordan a base de pacer en los montes de la zona; y también varias decenas de conejos, un cerdo o un huerto con diversas hortalizas. Agricultura y ganadería (en ambos casos, no extensiva) es el nexo común a las cinco granjas adheridas a Wwoof, y en alguna también es posible conocer los pormenores de la vendimia. Más allá de las labores del campo, en ellas uno puede introducirse también en el mundo de la bioconstrucción y las chapuzas.

Concienciación

Todo esto despierta cada vez más la curiosidad de los jóvenes, que actúan como voluntarios, movidos por «la concienciación de que como el sistema no funciona, hay que volver a los pueblos», apunta la madrileña María Reyero, que hace 15 años vivió este proceso en su propia piel. Abandonó su trabajo de oficina para fundar As Adegas en la Ribeira Sacra, que desde hace tres años forma parte de Wwoof, «aunque ya recibía a voluntarios antes», dice. Ella misma lo fue tiempo atrás, «colaboraba en la reforestación de montes en Madrid», añade.

Su experiencia como hospedadora es «muy positiva», por eso considera que la red seguirá funcionando «mientras haya gente con esta forma de pensar». Se refiere Reyero a los voluntarios, de los que cuenta que «suelen ser chavales con carrera y medios económicos, que quieren conocer otras cosas».

Aunque son una red en crecimiento, los granjeros reconocen que el programa de voluntariado es prácticamente desconocido por los ourensanos. En realidad, por todos los gallegos. «En España onde mellor funciona é en Andalucía», cuenta Xurxo López, de Reitoral de Chandrexa, quien explica que «isto se debe a que hai moitas fincas de estranxeiros».