La Semana Santa tiene un plus cultural en Allariz, donde ayer tanto los residentes como los visitantes aprovecharon la tregua que dio la lluvia y disfrutaron, a pesar de lo desapacible del día, de algunos rayos de sol. La banda sonora de la jornada festiva la pusieron los grupos Cris Veiga y Álvaro Lamas, con música gallega, pop, rock e country; Graham Summer, con rock, country y folk; Tánghete, con folk, y A Minha Embala, con sonidos africanos y brasileños. El escenario al que se subieron estaba hecho de piedra e historia: las de las calles de Allariz. Y es que el programa lúdico municipal dispersó los conciertos por la praza Maior, la praza de Abaixo, la rúa Castelao, la rúa da Cruz, Fonteiriña, la praza dos Mesóns y Entrecercas. Se trataba, como explicaban desde el Concello de Allariz, de ofrecer a los paseantes música de calle con músicos de estudio. Vecinos y turistas agradecieron una forma diferente de recorrer la localidad.
Los alumnos del colegio de Luíntra han rebuscado en las bodegas y trasteros durante días para rescatar del polvo y devolver a la luz las viejas herramientas y aperos de labranza que sus abuelos utilizaban de forma cotidiana. Las han catalogado -la rareza de algunas les ha obligado a investigar para descubrir su utilidad- las han dibujado y han montado con ellas una singular exposición en los pasillos del colegio. El trabajo ha sido duro, pero gracias a él, muchos han descubierto facetas desconocidas de sus antepasados. Porque era de esperar que el abuelo tuviese en casa una de esas gruesas azadas para cavar la tierra más dura y que se conocían con el nombre de legón, pero no era tan previsible que apareciese una bigornia, utilizada por los zapateros como apoyo para clavar las puntas a las suelas de los zapatos. En tierra de afiladores y otras profesiones ambulantes (capadores, cordeleros, etcétera) a nadie extrañó que en la exposición apareciera uno de esos cajones de madera con correa de cuero para colgar en el que se llevaban las herramientas necesarias para ejercer el oficio o los artículos para vender. Tampoco era difícil encontrar garlopas para pulir la madera, pero no fue fácil descubrir para qué servía un extraño artilugio que, finalmente, resultó ser una cuchilla de cestería que ya se utilizaba en los castros celtas. En definitiva, la experiencia ha servido a los escolares de Nogueira de Ramuín para recuperar buena parte de la memoria histórica de sus antepasados, aparte de para enriquecer su vocabulario con nuevos nombres que nunca antes habían escuchado.