Vicente González fue un alcalde atípico que nunca se identificó con las prácticas al uso en esta provincia. Hombre tranquilo y respetado, hizo del diálogo y la defensa de sus ideales su mayor argumento: luchó durante años en una comarca, la de O Carballiño, donde era el único regidor del PSOE y en una mancomunidad donde su municipio apenas tenía peso político. Cuando San Amaro llevaba décadas otorgándose la titularidad del castro de San Cibrán de Lás él apuntaba que la mitad del recinto castrexo estaba en su municipio, pero nunca hizo polémica de esa reivindicación hoy reconocida. Reclamó durante años ayudas para recuperar las fuentes termales en la orilla del Barbantiño, pero nunca fueron suficientes (recientemente se presentaba el proyecto) y detestaba las campañas políticas argumentando que éstas se hacían durante cuatro años, no tratando de engañar al vecino tres días antes de votar. Tras perder la alcaldía de Punxín se desvinculó de la primera línea de la actividad política.